martes, 1 de abril de 2014

La Leyenda del Terror 1



¿Cuál es el límite entre la imaginación y la realidad?, preguntó un pensador que no recuerdo su nombre.
Me llamo Claudia, tengo 25 años, y soy realmente hermosa.
Quien escuche esto pensará que peco de soberbia y narcisismo.
Pero no es así.
Soy alta, con el cabello rubio amarillo claro natural, jamás tocado por ninguna tintura, y con grandes ondas, la de adelante cae sobre mi frente llegando a mi ceja derecha.
Tengo grandes ojos celestes claro.
Mi nariz parece de una cara cirugía, pero nunca fue tocada.
Bajando tengo dos pechos grandes, sin ser como algunos globos que se ven por ahí, pero bien duros y parados.
Mi cintura es perfecta, fina, resaltando una también perfecta cadera con una cola dibujada.
Parada y bien dura que usando la ropa justa como yo lo hago es motivo de comentarios entre hombres y mujeres.
Mis piernas son largas y perfectamente formadas.
Leyendo esto dirán, pero ésta quien se cree.
Pero les aseguro que es todo verdad y lo certifico con propuestas que me llegaron para ser modelo, pero que como estoy en muy buena situación económica rechacé.
Soy separada desde hace un año, sin hijos.
Me casé a los 21 años pero viendo que todo andaba mal lo eché de casa.
Abogados de por medio le di lo que le correspondía y no lo volví a ver más.
Soy hija única, y al morir mis padres en un accidente automovilístico, me tocó su fábrica de insumos para el agro, la que vendí a un precio muy alto.
No hago nada, sólo voy al gimnasio tres veces por semana, viajo para conocer lugares, y vivo sola en un departamento de lujo en un barrio muy caro.
O sea, llevaba una vida privilegiada, hasta que conocí a Esteban.
Era compañero del gimnasio y estaba siempre embobado por mí.
Me miraba y yo disfrutaba viendo como no se animaba a decirme nada.
Hasta que un día se ve que juntó coraje y me comenzó a hablar.
A la salida fuimos a tomar algo a una confitería y charlamos de todo, pero yo le ocultaba mi situación diciéndole que trabajaba con una pariente.
Esteban no era una divinidad, pero era muy simpático. Salimos un par de días hasta que se animó a besarme.
Todo venía bien pero lo extraño es que ni siquiera me tocara los pechos cuando estábamos en plena sesión de besos, algo que me llevó a preguntarle "No te gusta mi cuerpo que ni siquiera lo rozas con las manos".
"Al contrario, me encanta", dijo y comenzó a contarme que tenía un problema serio de salud, que tenía como una impotencia y varias otras cosas médicas que no entendí muy bien.
Justo a mí pensé, pero como me sentía bien con él seguí adelante.
Pasaron dos meses y viviendo juntos en mi casa, y él sabiendo de mi bienestar económico, y consolándome por las noches con sus manos pero sin meterme jamás un dedo, esperando que tenga un orgasmo, que siempre llegaba, comenzó a hablarme de temas extraños.
Me decía que él venía del norte del país, de unos montes que existían en esa región, y allí estaba la leyenda del Luminga, que era un ser diabólico que en una fecha (Que me dijo y lo que faltaba eran 3 meses para llegar a ella), ese ser pasaría toda la noche con una mujer (describiéndomela, pareciendo que coincidía conmigo) para tener un hijo.
Yo había visto películas similares a lo que él me contaba, por eso pensé que estaba influenciado por ellas y fabulaba. Pero como el relato me divertía lo escuchaba atentamente.
Pasaron dos días y él no en ese tiempo no me relató más nada de esa leyenda que parecía lo tenía fascinado
Hasta que esa noche, luego de hacerme acabar con sus manos sobre mi vagina, me dijo "Claudia vamos al norte, a la casa de unos amigos míos, para conocer el monte."
"Pero debe haber infinidad de bichos allí, me da miedo", le contesté sorprendida.
"No, en el pueblito donde vamos no hay", me respondió.
"Bueno, total de paso viajamos un poco", dije, lo que provocó un extraño entusiasmo en él.
Arregló todo tan rápido que a los dos días estábamos arriba del avión.
Llegamos al aeropuerto de la ciudad y allí lo esperaban una pareja mayor que se acercó a saludarnos.
"Amigos, ella es Claudia, de la que tanto les hablé" les dijo Esteban, pensando yo en que momento les habría hablado.
Me saludaron los dos efusivamente y me miraron como para una selección de fotos, diciendo al rato el hombre "Es una escultura. Sinceramente no te creíamos cuando la describías pero es más bella de lo que ni siquiera pensábamos".
Yo pensé en un momento que era un baboso, pero como era muy viejo dejé de prestarle atención.
Subimos a una camioneta cuatro por cuatro nueva con doble cabina y comenzamos un recorrido que duró como tres horas, cansándome al extremo, por una ruta totalmente despoblada.
Hasta que empezó a verse un monte que abarcaba todo el frente y justo ante él, casi entrando cuatro casas chicas pero bonitas.
Bajamos y de las casas salía gente, todos mirándome a mí, hombres y mujeres.
No eran muchos, como dos o tres por casa, pero ningún niño, sólo gente muy mayor y vestidos con ropa de trabajo.
Rodeándonos nos fueron saludando, mientras todos me sacaban una radiografía con la vista.
Como Esteban les dijo que yo estaba cansada, me hicieron pasar a una casa, donde supuestamente estaríamos con Esteban, y guiándome a la pieza una de las mujeres me dijo que descanse.
Yo me tiré vestida en la cama, y escuché que ellos estaban reunidos en el comedor preparándose para hablar pero estaba tan cansada que enseguida me quedé dormida.
No sé cuánto pasó, me desperté, notando que era de noche y sobresaltándome al ver a una mujer sentada a mi lado.
"Tranquila querida, esperaba que te despiertes, vamos al comedor que ya está la cena", me dijo, pensando yo cuanto haría que estaba allí.
En el comedor estaban todos, Esteban y el otro viejo sentado y el resto de pie.
Me senté mirándolos y empecé a comer pues tenía hambre, pero incómoda por todos los espectadores presentes.
Me miraron durante toda la cena y después de un rato, Esteban me dijo "Claudia vamos a dormir que son las 10 de la noche" y me llevó de nuevo a la pieza.
En la pieza noté que había una cama sola y le dije, “Pero hace poco me levanté, no tengo sueño ahora, ¿Vos donde te vas a acostar?".
En el comedor, no te preocupes, y acóstate que te va a venir el sueño, el aire de aquí llama a dormir si no sos de acá. Hasta mañana", me dio un beso en la boca y se fue cerrando la puerta.
Quedé acostada con la luz prendida mirando el techo y escuchaba como en otra casa, lejos, un canto raro, pero cuando me aprestaba a levantarme para curiosear me vino un sueño fuerte de golpe lo que me obligó a volverme a acostar y me quedé dormida otra vez vestida.
Al otro día me desperté, esta vez sin nadie a mi lado y fui al comedor.
Allí estaba sentado Esteban leyendo un libro que cerró rápidamente cuando me vio, se levantó me beso y me indicó el baño como adivinando mi intención. Fui y luego de desayunar salimos a caminar.
Así pasaron los días alternando hablando con todos, caminando con Esteban, arreglando el jardín de la casa, y otras cosas.
Pero yo me sentía rara, como más débil, a la noche tenía pesadillas muy extrañas, casi incomprensibles, estaba como floja, a veces me mareaba, todo extraño.
Se lo comenté a Esteban que riéndose me explicó que no era nada, que el cambio de aire se hacía notar, que me quede tranquila.
Una noche, luego de cenar sentí un fuerte mareo que provocó que vuelque el vaso al piso.
Esteban se levantó, me alzó y me llevó a la cama.
Me acostó boca arriba e inmediatamente llegaron tres mujeres casi corriendo.
Yo estaba con los ojos abiertos pero casi no veía. Era todo turbio y no podía articular una palabra a pesar que lo intentaba.
Sentí que me sacaban el pantalón y la camisa, luego me sacaron la ropa interior colocándome una bombacha mucho más chica que la que tenía sin corpiño y oí con dificultad que una vieja, sin reconocer quien, decía "Hoy él la va a ver y seguro le va gustar. Con esta bombachitas que tiene ahora esta bárbara. Esteban, deja la persiana abierta para que la vea bien y sacá la sábana para que no se tape. Volcala con la cola que dé contra la ventana, para que vea que hermoso culito tiene. Hoy no va a hacer nada, pues la cita es recién pasado mañana.".
Esteban por los ruidos y al doblarme en la cama noté que hacía todo.
Salieron, cerraron la puerta y quedé sola sin poder moverme a pesar que lo intentaba.
No sé cuánto pasó porque no tenía noción de nada, pero en un momento sentí un ruido en la ventana y sabía que algo o alguien estaban allí.
Me dio muchísimo miedo pero no podía hacer nada.
Sentí una respiración fuertísima siempre en la ventana y como una voz metálica que me dijo desde ahí "Sí sos vos, pronto serás mía toda la noche". Cerró la ventana y se fue.
Tardé un rato largo desde que escuché eso y me dormí.
A la mañana me levanté como en el aire, con cierta dificultad llegué al comedor, vi a Esteban sentado, y hablando como si tuviera trabada la lengua le dije que me aclarara sobre lo sucedido anoche.
Mi confusión se incrementó, cuando lo vi a él mirándome con cara de sorpresa total y diciéndome "¿De qué hablas Claudia?, seguro tuviste una pesadilla que te dejó mal".
Lo miré y le dije que él me había hablado de la leyenda y todo eso y que aparte sospechaba que me estaban poniendo algo en la comida o en la bebida pues me sentía mareada.
"Claudia, ya te dije que el aire y la comida de aquí te producirían un cambio. Estás sugestionada. Debe ser que tu inactividad allá en la capital te produce un mal efecto. Cuando volvamos tenés que hacer algo para tener la cabeza ocupada.”. Me dijo él.
Más confundida, trataba de pensar dentro de cómo estaba y supuse que podría tener razón, por eso me calmé y tomé el desayuno.
Ese día me llevó a caminar por una arboleda muy linda que había cerca de allí diciéndome que me haría bien esa paz que allí se respiraba.
Yo seguía muy rara, pero lo atribuía a lo que él me había comentado.
Llegó la noche, y me extrañaba no haber visto a nadie durante todo el día, como si estuvieran encerrados en sus casas.
Cenamos los dos solos, me acompañó a la cama, me ayudó a sacarme la ropa y a acostarme, se sentó en un borde de la cama y acariciándome el cabello me dijo “Descansa bien Claudia, dormí mucho, que mañana va a ser una noche muy larga y especial y tenés que estar bien para eso", me dio un beso en la frente mientras yo caía en un profundo sueño.
Me desperté sin saber la hora que era, aunque pensándolo bien desde que estaba en ese lugar había perdido noción de la hora y el tiempo.
Fui al comedor, y no había nadie. De ahí pasé al baño y después salí afuera de la casa.
Estaban todos sentados en la puerta de la casa de al lado levantándose casi juntos cuando me vieron.
El día estaba horrible, con el cielo paulatinamente poniéndose negro presagiando una fuerte tormenta
Vinieron todos a mi encuentro y me llevaron a la casa vecina a la nuestra.
Me sentaron mientras una mujer me dijo que me diera un baño en esa casa pues había hidromasaje y me haría muy bien.
Accedí pues en mi casa lo tengo y es realmente curativo.
Me pusieron sales y espuma que a pesar de oler raro no dejaban de tener rica fragancia.
Mientras estaba allí sentada disfrutando del baño, entró una mujer con un vaso en su mano y me dijo que tomara eso que eran jugo de hierbas del lugar que me sentarían bien.
El jugo era rico aunque un poco ácido.
Luego de un buen rato allí adentro salí, me cambié y fui al comedor.
En seguida otra de las mujeres, me sentó y con un secador de cabello y varios cepillos comenzó a peinarme, alabando permanentemente mi cabello.
Cuando terminó, me tuvieron allí sentada hablándome de cualquier cosa.
Les dije que tenía hambre a lo que una de ellas me dijo que sería mejor que no comiera, porque Esteban les había comentado que yo estaba mal y era conveniente pasar un día en ayunas para que el cuerpo se depure. Todo eso comentado con una perorata que parecía interminable.
Pasaron las horas y me tenían ahí sentada hablando hasta que llegó la noche.
Yo seguía sintiéndome rara y con mareos, pero ahora como agravada, se los comenté y me llevaron a la cama.
Me dejaron bastante tiempo solo acostado, pero yo estaba despierta aunque con muchas dificultades para hablar y moverme.
Hasta que entraron todos, me miraron y me hicieron algunas preguntas a las que yo trataba de responder sin lograrlo. Una de las mujeres dijo "Ya está lista". Vino otra me tomó del brazo levantó la manga de ni camisa y me dio una inyección en la vena.
Yo veía pero no podía hacer nada.
Me alzaron y me llevaron hasta la camioneta subiéndome.
Luego de andar bastante por caminos dentro del monte, la camioneta se detuvo.
Estaba todo muy oscuro y había empezado a llover.
Me alzaron sacando de la camioneta, y me metieron en lo que vi cuando Esteban prendió varias velas era como una cabaña.
Adentro tenía solo una gran cama en el medio con sábanas negras.
Esteban terminó de prender una gran cantidad de velas, mientras me colocaban sobre la cama y las dos tipas que habían venido en el vehículo con nosotros comenzaron a desnudarme por completo.
Una vez desnuda me rociaron con mucho perfume con fuerte olor a rosas, colocaron con una hebilla una rosa en mi cabello, me pusieron de pie y me pusieron un camisón bien blanco y con un gran tajo que llegaba hasta arriba en uno de los costados, con el camisón bien estirado hacia abajo me volvieron a acostar.
Se fueron las dos mujeres hablando entre ellas y Esteban dándome un beso en la frente me dijo. "Bueno Claudia, de a poco vas a ir recobrando el movimiento aunque no todo, relájate y disfrútalo, que a la madrugada te paso a buscar. Y se fue cerrando la puerta.
Escuché como la camioneta se alejaba y logrando moverme muy poquito pensaba que pasaría ahora.
Al rato sentí como que se acercaba algún tipo de animal por lo fuerte de la respiración y me invadió un terror tal que comencé a llorar.
Lentamente vi que se comenzó a abrir la puerta y cuando se abrió toda lo que allí observé me congeló la sangre.
Era algo muy alto casi todo cubierto de pelos dejado ver por algunos huecos la piel que era negra y gruesa. Su rostro también cubierto de pelos solo dejaba ver dos ojos verdes como los de un gato.
Sus brazos eran muy largos con manos muy peludas y sus piernas terminaban en dos enormes pies. Y en la entrepierna le colgaba como un miembro larguísimo y muy grueso totalmente rojo de las mismas características que el de un perro pero muchas veces mayor.
Se acercó mientras yo cerré los ojos pidiendo despertarme de esa horrible pesadilla.
Sentí por su respiración cada vez más fuerte y entrecortada que ya estaba a mi lado.
Comenzó a tocarme con sus dos ásperas palmas de sus manos desde el cabello pasando por los costados de mi cuerpo hasta los pies.
Hizo lo mismo varias veces hasta que con una mano apretó fuerte los cachetes de mi cara hasta que mis labios quedaron para afuera y sentí como su boca, con un aliento asqueroso se apoyó sobre la mía introduciéndome una larga y rugosa lengua.
Movía esa lengua muy rápido sobre la mía y como buscando llegar a mi garganta.
Manteniéndose así me soltó la cara, con una mano empezó a masajearme bruscamente los pechos y la otra la metió por el tajo del camisón y después de un rato de acariciarme las piernas la puso sobre mi vagina.
Todos sus movimientos eran toscos, brutos y fuertes.
Casi sin darme cuenta abrí los ojos y vi esos ojos horribles abiertos, mirándome sin parpadear nunca, mientras seguía con su lengua dentro de mi boca.
Su mano acariciaba de tal manera mi vagina por arriba de los pelitos y los labios y la otra apretaba tanto mis pechos que a pesar de luchar contra eso sentía excitación. Sacó su boca de la mía tomó una de mis manos y la llevó hacia eso que le colgaba ya empezando a despertarse.
La colocó sobre su miembro haciendo que lo agarre y siempre guiándola comenzó a hacer que le haga movimientos de masturbación.
Comenzando a recobrar parcialmente el habla le dije llorando “No, basta por favor", a lo que él siempre mudo e ignorando lo que le pedía continuaba.
Ya esa cosa se endureció a límites extraordinarios.
Cuando estaba dura y totalmente hinchada, siempre con su mano apretando eso por la presión que la mano de él ejercía, la llevó a mi boca, mientras con la otra mano apretó de nuevo fuerte los cachetes de mi cara haciendo que mi boca se abra.
Con esfuerzo la introdujo dentro de mi boca y la empezó a mover para adentro y afuera rápido.
Yo tenía arcadas profundas porque a veces llegaba muy al fondo y aparte tenía un sabor horrible.
Como veía que iba a ser terrible, levanté un poco mi cabeza y la movía tratando de regular aunque sea un poco esos movimientos. Viendo eso, me soltó totalmente y me dejó que yo lo hiciera.
Yo antes que él volviera a hacerlo a su manera, y con gran asco se la empecé a chupar teniéndosela con una mano para evitar que empuje y me la hiciera tragar toda.
Estuve un buen rato chupando y chupando esa cosa hasta que empujó para adentro obligándome a apretársela porque sino me destrozaba la garganta y acabó terrible cantidad de semen dentro mío.
Tragando cualquier cantidad de ese líquido horrendo, saqué la boca y ahogada comencé a tratar de escupir todo lo que quedaba en mi boca pero sin poder evitarlo, vomité.
Me miraba hasta que me volví a acostar con un gusto horrible en la boca y mareada.
Me tomó el camisón y con fuertes tirones lo destrozó dejándome totalmente desnuda.
Me tomó las tetas con sus dos manos apretándolas y comenzó a chuparlas como desesperado.
Sentía como que los pezones parecían salirse de la succión y al buen tiempo de hacerme gritar las soltó viendo yo que las tenía coloradas y todas marcadas.
Pasó a la vagina, abriendo un poco los labios con sus dedos e introduciéndome la lengua y moviéndola adentro.
Ahora sí que me sentí con un terrible calor allí abajo. Levanté mecánicamente mi cadera y comencé a gemir con todo pues tenía orgasmos múltiples provocados por su acción.
Le tomé con mis manos su cabeza y me contorsionaba toda, parecía que volaba del calor.
No aguantaba más y él seguía ahí, "Basta por favor, basta" le gritaba mientras los orgasmos se sucedían, pero él nada.
Luego que estaba destruida sacó su boca de allí, subió poniendo su cara frente a la mía y me introdujo nuevamente su lengua en mi boca.
Yo que no podía más sentí ahora que su terrible pija comenzaba a entrar en mi concha.
Desesperada, con mis manos traté de empujarlo de los hombros para atrás, pero tenía una fuerza muy grande y la pija comenzó la penetración.
Parecía que se me partía la concha cuando eso entró y rápidamente se deslizaba por mi interior.
El estómago era como que se inflaba y las paredes de la vagina como que se rompían en mil pedazos.
Pegué un terrible grito, mientras seguía tratando de pararlo con mis manos.
Pero continuó, y ya creí que la tenía en mi panza.
Empezó a meterla y sacarla a todo ritmo, y el dolor se me hizo casi insoportable.
Desesperada como estaba atiné a agarrarle la pija para evitar que en un empujón la metiera toda adentro.
Y él seguía moviéndose con todo para adelante y a atrás.
Teniéndole la pija con una mano y con la otra apoyada en su pecho como para pararlo, aumentó al doble el ritmo, haciéndome pegar otro terrible grito pues el dolor ya era incontrolable.
Bombeó lo que me pareció una eternidad hasta que soltó un horrible grito y me inundó de semen adentro.
Bruscamente la sacó y quedó acostado a mi lado con su mano apretándome una teta.
El dolor que sentía en mi vagina era terrible y llevando mi mano allí vi que tenía sangre.
No pasaron ni cinco minutos que me dio vuelta, colocándome boca abajo, me abrió bien las piernas y se puso sobre mí.
Yo sabiendo lo que pasaría, llevé mis manos para atrás y grité desesperada "No, No".
Pero era tarde, apoyó la punta de su pija en mi culo y comenzó a metérmela.
El mundo estalló a mí alrededor. Sentí un terrible dolor agudo en el culo, puntadas de todo tipo, y unas terribles ganas de defecar, todo junto.
Le suplicaba que saliera, porque me hacía encima pero él empujaba más, perforando mi culo como un terrible pistón.
Antes de bombearme el ya abierto culo y por la presión que este hacía la sacó haciendo que me hiciera encima con un dolor insoportable.
Como si nada y sin dejándome siquiera decirle algo volvió a introducirla muy profundo provocando otro alarido que pegué mientras lloraba como una loca.
El culo ya abierto, no se acostumbraba a eso y volvió a darme puntadas fuertes mientras el ser ese me comenzó a poner y sacar a toda velocidad.
A los gritos y llorando trataba de pararlo con las manos sin siquiera hacerle disminuir la velocidad.
La pija entraba y salía fuertemente dañando todo a su paso y yo, con mi cara enterrada de la sábana trataba de agarrarla para frenarla.
Cuando lo logré pude hacer, apretándola, que entrara un poco menos, pero igual el dolor de cada empujón era mortal.
La lucha duró lo que pareció horas hasta que vino el alarido y me llenó de leche.
Salió de encima mío, tardando mucho logré darme vuelta poniéndome boca arriba, me metió otra vez la lengua en mi boca un rato largo, se levantó mirándome y se fue.
Quedé allí tendida sin poder moverme casi del dolor, me corrí a la parte limpia de la cama, miré con vergüenza la suciedad que había salido de mi interior, cerré los ojos y traté de relajarme.
Al rato escuché la camioneta, entraron, me levantaron, y Esteban mirando la suciedad sobre la cama me miró con lástima.
Nunca más volví a ver a Esteban.
Estuve mucho tiempo con Psicólogo aunque nunca me creyeron. No quedé embarazada pero sí marcada para siempre por esa pesadilla de terror.
------------------------------------------------- FIN --------------------------------------------------
No se olviden de comentar el relato para saber que les pareció, que les gustaría leer o ver, sus gustos y motivarnos a seguir escribiendo.
Los saludan Gus Becker & Marcel Milord.

lunes, 17 de febrero de 2014

Sed de Sangre y Sexo





Mi despertar sexual se limitaba hasta allí a páginas xxx y compañeritas del colegio con ansias de dar sus primeros pasos en el sexo. Pero eran juegos, no suficientes para requerimientos más elevados y complejos que se pronunciaban en mí.
Buscaba horizontes que no encontraba, satisfacciones en planos que ya casi me resignaba a que quedaran como fantasías, pero...
Mamá era una mujer muy, pero muy bonita e interesante; acababa de cumplir 42 años y pese a haber tenido un parto, mantenía su hermosa figura de soltera gracias a mucha gimnasia y visitas a especialistas. Posee grandes pechos, gordos y firmes, hermosas piernas, muy buena cola, parada y dura, con una fina cintura, bonita de cara, cabello castaño claro largo, con suaves rulos y ojos celestes, fina nariz, tez bien blanca, lo que le ocasionaba problemas para exponerse al sol.
Siempre que vacacionábamos, ella se protegía del sol, entraba muy poco al mar, pues era propensa a enrojecerse a pesar de los protectores solares.
Su carácter era casi inocente y rozaba lo ingenuo, un ejemplo de ello es que un empresario engatusador la convenció de vender a un mal precio la fábrica que heredamos de mi fallecido padre, casi se puede decir que la regaló.
Luego del extraño accidente automovilístico que produjera la muerte de papá, ella sintió mucho su ausencia y decidió dedicarse a mí y no rehacer su vida sentimental, a pesar que nunca le faltaron pretendientes.
Vivíamos en un semi-piso, de un barrio cerrado, con vista al río a minutos de la Ciudad.
Reconozco que mamá, a pesar que deseaba evitarlo, me excitaba; varias veces la vi en ropa interior, bastante diminuta, provocándome erecciones que sólo calmaba masturbándome. Su inocencia, a pesar de molestarme, hacía que creara fantasías con ella y hombres de la peor calaña.
Mamá conoció una señora mayor que ella en el gimnasio y la invitó a casa. Una mujer tenebrosa, de mirada fría y amenazante, sus ojos negros me asustaban y me daba algo feo verla.
Estuvieron en la sala tomando té y hablando varias horas. Cuando por fin se fue le pregunté a mamá quien era y me contestó que era viuda como ella, con casi 65 años y que hacía gimnasia especial por problemas en el corazón.
Y me dijo, que lo que le daba miedo era que estaba con una secta muy cerrada y extraña. Mamá temía que fuera diabólica, pero mientras no se metiera con ella, estaba todo bien.
Como siempre su inocencia no la dejaba ver más allá de su nariz, no me cerraba esta reciente amistad. Esa vieja bruja buscaba otra cosa y lamentablemente era así.
Al otro día, cuando salí del colegio, para mi sorpresa, la amiga de mamá, Marta (así se llamaba o decía llamarse) estaba en la esquina, esperándome y me dijo:

- Hola Damián, Susi (mamá se llama Susana), me pidió que te lleve a mi casa hasta que ella pueda pasarte a buscar, pues tiene que hacer un trámite bastante largo en el centro.

Me llevó en su auto, bastante viejo y ruidoso, hasta la propiedad donde vivía, una casa vieja y descuidada, en la que se notaba no haber recibido una mano de pintura hacía años. Por dentro había ropa tirada por todas partes.
Me sentó en el comedor, casi en penumbras, y después de servirme un café con leche y galletitas de agua, comenzó a interrogarme con respecto a mamá.
Todas preguntas eran relacionadas con si había salido luego de la muerte de papá con algún hombre; si sospechaba que se había acostado con alguien, etc.
Contesté lo que sabía, y quedé mudo y aterrorizado cuando me preguntó:

-  ¿Damián, cuanto te excita tu mamá?

No contesté, pero mi mirada lo decía todo. Ella sin apartar sus inmutables ojos de los míos, tranquilamente comentó:

-  Veo que bastante...

Prendió un cigarrillo y para aumentar mi desconcierto me preguntó:

-  ¿Crees en los vampiros?
-  Veo por televisión e internet películas de vampiros, pero creo que no existen.
-  ¿Te asustan?
-  Algunas veces bastante, pero como no existen...
-  ¡Si existen!

Al escuchar esa voz ronca exclamando la afirmación, mi temor creció a límites no imaginados y mis piernas comenzaron a temblar. ¿Quién era esa mujer? me preguntaba sin obtener ninguna respuesta de mi cerebro.
Con una voz más serena, pero no menos tétrica, volvió a hablarme.

-  Existen Damián… pero no como los de la tele, esos que si te muerden te matan o te transforman en uno de ellos, o que el sol los quema… existen de otras formas, como mutaciones genéticas. Es muy largo y difícil explicarte, pero existen. Pertenezco a una secta que los venera y su jefe, o sea mi Amo, vive en un lugar muy apartado, en medio de un bosque, a unas horas de aquí. Antes de seguir, te informo que tengo cierta capacidad de leer la mente de personas como vos, así descubrí que te calienta mucho tu mamá, pero tenemos que ser sinceros ambos… Para comenzar a sincerarnos, decime cuanto te excitaría ver a tu mamá con un vampiro, sin siquiera suponer que le pasaría algo terrible, que jamás se convertiría en vampira y mucho menos morir. Sólo que un vampiro la mordería en el cuello y zonas íntimas… y haría el amor con ella incansablemente en una forma muy salvaje. Los vampiros son muy viriles y necesitan tener frecuentes encuentros para saciar su sed de sexo y sangre. Te aseguro que verlos morder y penetrar a las mujeres es el éxtasis máximo y tu madre es una dama que lleva mucho tiempo sin un hombre, esto es algo que huelen los vampiros y los enloquece, además ella se siente sola y triste desde el fallecimiento de tu papá, esto la haría muy feliz ¿Que dices?

Estaba atónito, pero para mi sorpresa tenía una erección que ella notó.


-  No sé, no sé...
-  Vamos Damián… dijimos que seríamos sinceros. ¿Si no sabes entonces por qué motivo tienes el pene erecto?
-  Sí, es cierto, me calienta, pero me da mucho miedo por ella.
- Sin miedos Damián, te lo digo por experiencia que va a ser un placer máximo, ya que de joven y al quedar viuda, un vampiro se sació con mi cuerpo, pero ahora estoy vieja para esos trotes y junto a otras como yo nos dedicamos a velar por las necesidades de los vampiros… tu mamá va a ser muy bien tratada por nosotras, la prepararemos bien para el Amo, luego de su encuentro con él, la ayudaremos a reponerse, tendrá toda la atención, hasta la siguiente noche donde nuevamente se encontrarán. Es cierto que las mordeduras son bastantes dolorosas, dado que el Amo tiene sus colmillos muy largos y gruesos, lo que la hará gritar cuando la muerda, al igual que cuando la penetre, su pene es también de proporciones grandes, pero nada de peligro para ella… hay veces que el sufrimiento y el dolor acrecientan el gozo... ¿Y no sé por qué siento que eso te excitará más, verdad?
-  mmm… siiii…
-  Muy bien, muy bien. Serás mi ayudante para convencerla de pasar unos hermosos días de campo juntos. ¿Te animas?
-  Si, sssii…
-  Excelente. Para comenzar te daré un polvo para que le pongas todos los días en el café, té, jugos, lo que tome, no será difícil, en un descuido le colocas un poco, se disuelve muy fácil y no le altera el sabor. Al principio se va a quejar de algunos dolores de cabeza y mareos, esto nos servirá para convencerle que es stress y que llevarla al campo le va hacer bien. Con el correr de los días, va a estar mu y confundida, y es así como la debemos llevar. En el campo la terminaremos de preparar. Necesitaremos al menos una semana aquí para que esté lista. ¿De acuerdo?
-  Ok, ddde acuerrrdddo… (Respondí tartamudeando con un hilo de voz, sin saber si era producto del miedo o de la excitación).


No fue difícil colocar en la bebida de mamá el polvo que me dieron y todo sucedió tal como dijo Marta. Me asustó un poco ver a mamá a veces como tambaleante, pero Marta me juró que no pasaría de eso.
A mamá le agradó la idea de pasar diez días en el campo y ese viernes comenzamos a hacer las valijas.
A las cuatro de la tarde vino el remis que Marta había solicitado para trasladarnos. Me dijo que el chofer era uno de la secta y que yo viajara en silencio.
Luego de más de tres horas de viaje por una ruta desolada, salimos a un camino de tierra y después de varias vueltas y media hora de viaje, entramos en un camino rodeado de pinos. Aparecía a la vista una gran casa, de dos pisos, y bastante antigua.
Mamá durmió la mayoría del trayecto y con ayuda del chofer logré bajar a mamá del vehículo, pues estaba muy desorientada.
Nos recibió una mujer más vieja que Marta, gorda con el cabello negro azabache muy desprolijo, nos ayudó con las valijas y entramos en un gran salón, con los techos altos y una escalera de mármol en el centro que llevaba al segundo piso.
El cielo estaba cubierto por espesas nubes que tapaban al sol y para darme más miedo al que tenía, comenzó a llover. Una tormenta eléctrica que anunciaba que duraría varios días. El ambiente era completo, solo faltaba un aullido de lobo a lo lejos para que mi miedo se transforme en terror.
Nos llevaron al segundo piso. Caminamos por un gran pasillo con varias puertas y en la anteúltima nos alojaron. Era una gran habitación, con una enorme cama king size en el medio, que tendría que compartir con mi madre, tambien había un gran ventanal tapado por una gruesa cortina negra, a su lado una mesa con dos sillas y un gran candelabro que alumbraba tenuemente y a los costados de la cama, dos rusticas mesitas de noche . Todo de estilo muy antiguo.
Al entrar al cuarto comenzó el trabajo de las dos mujeres, Marta y la gorda, quienes acompañaron a mamá al colosal baño de la habitación y la instalaron en una tina de porcelana blanca con patas de bronce, de principios de siglo pasado, llena de agua tibia y mucha espuma. Mami estaba tan drogada que casi esas señoras la tuvieron que bañar.  Constantemente mi madre se quejaba que se sentía débil.
Estábamos cerca de la hora de la cena, por eso nos vestimos para la ocasión, aunque a mamá la vistieron.
Desde la cama, pude ver que le hicieron poner una bombachita extremadamente diminuta (lo que me hizo olvidar el miedo y tuve una terrible erección por la que tuve que hacer magia para que no se notara).
No tocaron la ropa que habíamos empacado, tenían todo preparado y mamá era un manso corderito que aceptaba todo.
La vistieron con un vestido de encaje blanco, muy escotado y muy trasparente, que apenas le cubría la cola. Los pezones estaban a la vista, dado que no tenía corpiño y si hacía un movimiento para agacharse o elevar mucho los brazos, sus gluteos quedaban en parte al descubierto. Le colocaron unos zapatos blancos de finísimo tacón alto, la maquillaron tenuemente y pintaron sus labios de un intenso rojo sangre.
A mí me dieron a vestir un traje obscuro con camisa haciendo juego, corbata colorada, y zapatos de charol.
A las veintiuna horas en punto bajamos a cenar.
El comedor era monumental con una gran mesa larga. A mamá la ubicaron al lado de la cabecera donde se sentaría el Amo y a mí a su lado.
El ambiente era fúnebre para mí, dado que todo estaba iluminado por dos candelabros de seis brazos con velas rojas.
Sentados los dos solos a la mesa esperamos algo más de quince minutos hasta que apareció “el Amo”. Lo pude ver cuando se acercó a mi sillón y nos saludó muy respetuosamente con una voz muy grave.
Era muy alto, calculo que de unos 1,90 mts., muy flaco, la cara terminaba en un filoso mentón, el cabello canoso peinado para atrás, los ojos muy negros con pronunciadas ojeras alrededor de ellos, las manos con dedos muy largos. Estaba vestido todo de negro, con camisa de seda y un pantalón que también brillaba como su camisa.
Poro lo llamativo, y que me causó un frío por todo el cuerpo, era que tenía tapada su boca con una especie de pañuelo grande negro.
Apenas se sentó y mirando fijo a mamá, se excusó con que tenía problemas en la garganta y por eso nos acompañaría pero no comería. Yo sabía lo que ocultaba.
Nos sirvieron la cena, compuesta por carnes y ensaladas.
El Amo conversó todo el tiempo con mamá. Cada vez arrimaba más su sillón hacia donde ella estaba, hasta colocarse a la par.
Luego del café, siguieron la plática una media hora más hasta que mamá dijo la perdone pero estaba cansada. Era evidente que algo más le colocaron en la comida.
Ella se levantó y él clavo su vista en todo el cuerpo de mamá.
Me hizo una seña para que me quedara.
Le dije a mamá que subía después y una vez que ella se fue, él se me acercó y me dijo de una manera no tan dulce:

-  Bueno nene, ahora voy a subir a tu habitación para seguir “conversando” con tu mami. Vos vas a ir a la habitación anterior y allí te vas a dormir calladito, sin hacer ruido. Y como seguramente vas a escuchar algunos gritos míos y de mamita, te recomiendo taparte las orejas si te molestan pero ni se te ocurra aparecer para hacerte el héroe porque tu final va a ser muy trágico… ¿Estamos querido?
-  Si señor... (Contesté mientras trataba de ocultar mis temblores).

Se levantó y comenzó a subir la escalera del salón contiguo hasta desaparecer de mi vista.
Quedé absolutamente solo sentado a la mesa y muy perturbado. Marta me prometió que iba a presenciar el encuentro sexual y el Amo me acababa de prohibir aparecer en la habitación que ocupábamos con mi madre.
Como todo trato con el diablo, siempre se sale perdiendo; que tonto fui, había entregado a mi madre a un ser de apariencia despreciable sin obtener nada a cambio. En mí interior estaba más vacío que en mi alrededor.
De no sé donde apareció Marta y con un gesto me pidió que la acompañara, en el camino me susurró en el oído:

-  Acordate Damián, quédate en tu pieza sin hacer ruido, trata de dormir o disfruta de los gemidos de tu madre. No te asustes con los gritos y por tu seguridad quédate encerrado en el cuarto, no te aconsejo ir a espiar.

En el pasillo, vi la figura del Amo parado frente a la puerta de la habitación donde estaba mamá.
Entré a mi habitación asignada, dejando la puerta entornada.
Temblaba de miedo pero a la vez tenía una gran erección y los nervios me hacían perder estabilidad. Ese monstruo iba a poseer a mamá y la calentura superaba mis temores. Con mis velas apagadas, a tientas llegué a la puerta de la habitación de ellos y espié guiándome por la luz que salía del interior de ese lugar.
El Amo recién entraba sin cerrar del todo la puerta, mi temblorosa mano la abrió un poco más y me quedé en el oscuro pasillo, por suerte podía ver todo.
Mamá estaba acostada de perfil, con su espalda hacia la puerta, tapada con un acolchado.
Él se paró al pie de la cama y caminó hacia el costado donde mamá tenía su cara. Chistó fuerte y ella, asustada se sentó.

-  Hola preciosa, ¿Dormías?
-  Si, ¿Qué hace usted acá?, ¿Y mi hijo?
-  Tranquila, tu hijo está en la habitación de al lado durmiendo plácidamente y yo estoy acá para pasar una hermosa noche contigo.
-  ¿Está loco?, ¡Retírese ya!
-  Creo que no me iré… como dije, vamos a pasar una noche muy, pero muy movida.

Mamá trató de incorporarse, pero él la sujetó de los hombros y le dijo amenazante y casi gritando:

-  Te lo voy a decir por última vez muñeca, quédate muy tranquila, porque si no tu hijo va a sufrir un terrible accidente en manos de mi gente que está con él... Si no me crees, tal vez trayendo la cabecita decapitada del nene te convenza.

Mamá totalmente desorientada comenzó a llorar y entre sollozos le dijo:

-  ¿Que quiere?
-  Que pregunta mi amor… a ti te quiero. Toda entera, tu cuellito precioso, tus tetas, culito, vagina, toda, pero toda.

Se sacó el pañuelo dejando al descubierto dos enormes colmillos, gruesos y largos, el terror volvió a apoderarse de mí y de mamá por supuesto.
Ella gritó y tapándose su cara por el espanto preguntó:

-  ¿Qué es eso?, ¿Qué es usted?
-  De a poco... Esto son dos dientecitos que van a morderte y que lo soy, no importa, lo que sí importa es que comiences a colaborar en todo, para que las cosas salgan bien y puedas reencontrarte con tu hijito, si es que lo quieres…

Mamá estaba abatida, con el miedo reflejado en su bello rostro.
Con parsimonia la dejó llorar unos minutos, para luego decirle:

-  Estoy poniéndome muy ansioso, ¿Te parece si comenzamos mi vida?
-  Si (Dijo apagadamente entre sollozos).

Él pasó sus manos sobre el cabello, luego las mejillas y le levantó la cabeza desde el mentón para que lo mire. Le acarició el cuello, para luego seguir hacia los hombros, la cintura y muy despacio comenzó a sacar el acolchado que apenas tapaba las partes bajas de mamá, tirándolo en el piso, al pie de la cama. Se sentó al lado de mamá, apartando las manos de ella que instintivamente cubrían sus pechos, colocándolas a los costados de su cuerpo.
Acarició las piernas de ella por encima del blanco camisón largo y cuando llegó a las rodillas comenzó a subirlo.
Mamá, con sus manos sujetó el camisón para que no lo levantara, entonces él con vos firme y alta le ordenó:

-  Quieta, las manos quedan al costado. No vuelvas a interponerlas porque me voy a enojar mucho, ¿Entendiste? Y mientras yo hago lo que tengo que hacer me mirás a los ojos.
-  Ppperdón.

Volvió a levantar muy despacio el camisón mientras mamá lo miraba, llegando hasta la cintura, le pidió a mamá que se levante un poco para sacárselo. Despojada de esa prenda, que terminó adornando el piso de la habitación, mamá quedó solamente con la diminuta tanga blanca.
El Amo acarició sus pechos, los apretó produciendo un gemido en ella, y bajó su otra mano apoyándola en la vagina, haciéndola de nuevo gemir.
Se puso de pie y se sacó la camisa. Era raquítico, se marcaban las costillas y su piel era blanca leche. Sentándose a la derecha de ella, le volvió a acariciar el cabello, pero esta vez lo corrió hacia la izquierda dejando el cuello libre en la parte derecha.

- Bueno querida, ahora vas a inclinar tu cabecita sobre mí, vas a tranquilizarte pues estas muy tensa. Cerrá los ojitos, pensá en cosas lindas y aflójate bien. ¿Tenés miedo?
-  ¿Cómo puede preguntar eso?, Síííííí muchoooo. ¡Termine ya de una vez!
-  Tranquila mi amor, vamos, recostate en mí.

Mamá apoyó su cabeza sobre un costado del pecho de él y cerró los ojos, él con una mano sostuvo la cabeza de ella y como adivinando mi presencia, miró hacia donde yo estaba.
En mi mente se escuchaban las palabras de él que me decían:
  

-  Pasá y sentate en una silla, acá cerca. Recordá que no debes intervenir y si te molesta lo que vas a ver, te vas sin hacer ruido.

Asentí con la cabeza y me senté cerca del pie de la cama. Mi erección era manifiesta, mi pene estaba desbordando la contención de mis calzoncillos.
La besó en la mejilla, la acomodó mejor preparando su cuello, y dirigió su boca sobre el.
Vi como sus ojos se daban vuelta quedando totalmente en blanco.
Dijo muy excitado:

-  Entrégame lo tuyo mi amor, todo lo tuyo, ¡Dame vidaaaaaaaaa!

Luego pronunció palabras inentendibles y comenzó a hincar los colmillos. Mamá abrió los ojos de golpe y lanzó un sonoro grito, el hundió fuertemente sus colmillos hasta la mitad.
Mamá estaba descontrolada. Gritaba, lloraba y con las manos trataba de sacárselo de encima, pero él estaba prendido allí, no lo movía un centímetro.
Los colmillos habían penetrado en su totalidad.
Ella gritaba casi quedándose afónica y le pegaba con sus puños cerrados en la espalda, los brazos, y donde pudiera, pero sin siquiera hacerle mella un poco.
Comenzó a succionar y mamá comenzó a aflojarse. Ella desplomó sus brazos en la cama y se quejaba que le dolía la mordida pero casi sin voz y con nada de fuerzas oponía resistencia.
Mi madre estuvo así un cuarto de hora. Ella gemía, pataleaba y lloraba, pero cada vez más entregada.
Yo había acabado por primera vez, verlos así era el sumun del éxtasis.
Por fin salieron esos colmillos del cuello de mi madre, un hilito de sangre salía de las perforaciones bañando parte de sus senos.
La boca del Amo estaba empapada en sangre, sus ojos volvieron a la normalidad y le dijo acariciándole el pálido rostro:

-  ¿Todo bien amor?
-  Me dolió mucho. Tengo arcadas, estoy mareada, débil y siento mi cuerpo arder.
-  Es normal, ¿Sabes que tuviste un orgasmo mientras te mordía? Jajaja… Tranquila que tenemos mucho para hacer todavía.

Mamá permaneció tirada en la cama boca arriba con los ojos cerrados, dando la impresión que estaba muerta, él sin importarle su estado se había despojado de toda su ropa, enseñando una gran verga parada, larga, de buen grosor y con una gran cabeza violácea.
Le sacó la tanga y le escupió en la concha, se colocó sobre ella, separándole las piernas. Extrañamente, mamá depositó sus manos sobre la cintura de él, quien lentamente comenzó a penetrarla.
Mamá volvió a gritar.
Empujó despacio hasta meterla toda. Esa enorme cabeza la dañaba, la perforaba.
Después de enterrarle en su totalidad la pija, él detuvo un rato la penetración para contemplar el cuerpo de mi madre y comenzó a bombearla frenéticamente.
La cama chirriaba, parecía que se caería de la violencia con que él la perforaba.
Mamá llorando le pedía que fuera despacio, pero él seguía, gritaba insultándola:

-  Abrite puta, dejame entrar bien que te voy a destrozar la concha.

Estaba transformado, daba miedo, bombeaba y bombeaba sin contemplación, la estaba rompiendo.
Saltaba casi sobre ella, en cada embate mamá gritaba.
Detuvo sus acometidas, inclinó la espalda hacia atrás y con su pija levantó por la concha el cuerpo de mi madre, le estrujo un pecho y le dio un terrible cachetazo en la cara. Ella gritó y él le dijo:

-  No tienes posesión de tu cuerpo, ya sos mía. Te voy a destrozar a pijazos y después voy a morderte las tetas sin piedad, hasta que te desmayes en orgasmos, trola de mierda.

Volvió a bombearla salvajemente, estuvo como una hora garchándola y pegándole, hasta que finalmente acabó.
El semen de esa criatura con forma de hombre escapaba en chorros de presión de esa vagina que contenía como podía al monstruoso falo. Hasta después de sacarle la verga de esa maltrecha concha emanaba una leche viscosa copiosamente.
Ella estaba totalmente extenuada, sin aliento, tan solo lloraba lánguidamente.
Sin tregua él bajó hasta tener su cara sobre las tetas de ella, sujetó un pecho, lo apretó y le hincó los colmillos.
Mamá bramaba del dolor, con nada de fuerzas, comenzó a retorcerse y a gritar.
Con hambre chupó esa teta por diez minutos, la soltó y pasó a la otra.
 Fue mucho para mí, bajé la cabeza, no quise seguir mirando, solo escuchaba los sorbos y quejidos.
 Cuando le liberó el pecho, como si nada, se paró, se vistió, le dio un beso en la cabeza y le dijo:

-  Hasta mañana amor, por hoy ya estoy lleno.

Y se fue. Enseguida entraron Marta y la gorda para atender a mamá, lo que aproveché para regresar al cuarto que me asignaron sin que me viera mamá.
No dormí esa noche producto del miedo y de la excitación. Al otro día mamá se despertó pasado el mediodía, ocultaba con un pañuelo las heridas de su cuello. Estaba y actuaba como una zombi.
La alimentaron bien, le dieron mucho líquido, le pusieron crema regenerativa en las heridas y la llevaron a dormir la siesta.
Esa noche, cuando mamá bajó a cenar, estaba de mejor semblante. Allí vino él, esta vez sin pañuelo en la boca.
Mamá estaba vestida como si fuera una puta, sin bombacha ni corpiño, con un vestidito negro muy cortito, que le llegaba a la mitad de los cachetes del culo.
Inexplicablemente, mamá lo miraba a los ojos extasiada.

Me regocijaba observar a mamá en esas fachas pero apenas me tocaba el bulto sabiendo que si lo hacia de más acabaría y me esperaba otra larga velada.
Esa noche, nuevamente él fue a la habitación de ella, pero esta vez mamá estaba de pie junto a la cama esperándolo.
Me quedé como la vez anterior, en el pasillo a oscuras, pues no quería entrar sabiendo que a ella no le gustaría.
Él se paró frente a ella, muy cerca y la tomó de la cintura con sus manos, de la femenina boca escapó un susurro:

-  Por favor… ¿No puede ser todo más suave?
-  Nooo. Cada vez va a ser más violento nena.

Se apartó y le dio un brutal cachetazo enviándola sobre la cama, se abalanzó sobre ella y le exigió gritando:

-  Dame el cuello y pedime por favor que te muerda.

 Ella gritó y quiso escapar, el Amo le dio una trompada en el estómago.

-  Te dije que me lo pidas.
-  Nooooo, así nooooooooo

Otro golpe impactó sobre su abdomen, mamá no entendía o no deseaba entender que negarse era peor, que igual sucedería.
Ella se resistía provocando que él la zamarrease de los pelos hasta hacerla llorar y gritar de dolor.

-  No desafíes mi autoridad, llevo una eternidad alimentándome de putas mortales y vos no sos nada especial, así como puedo darte un placer hasta enloquecer puedo fácilmente destruirte.
Mordeme por favor...

Tirada donde se encontraba, en el suelo, muy cerca de la cama, se corrió el cabello liberando el cuello y él rodeándola con uno de sus brazos la incorporó y estando ambos de pie, apoyó su boca y bruscamente la mordió.
El grito de ella fue terrible, como si la estuvieran descuartizando. Él la sostenía con una mano en la espalda para que no se cayera.
Esta vez estuvo más de media hora en su cuello.
Mamá era peso muerto, lo único que evitaba que tocara pesadamente al piso era el brazo de la bestía.
Con su otra mano le arranco a pedazos el vestido dejándola desnuda, la tiró en la cama, se desvistió y acostándose a su lado le dijo:


-  Ahora quiero tu precioso culito.


Mamá gritó negándose.

-  Me vas a matar empaladaaaaaaaaaa.

 Golpes y más golpes hasta que la puso boca abajo y le hincó los colmillos abajo de la espalda, donde comienza la raya del culo.
Mamá tras varios alaridos comenzó a relajarse. Después de 15 minutos mordiéndola, la soltó, dejándola con las piernas abiertas, el Amo vino hasta mi escondite y poniéndome frente a mi boca dos de sus largos y gruesos dedos me ordenó que se los escupa varias veces, riendo maléficamente regresó hasta donde se hallaba el cuerpo de mi madre y le enterró los ensalivados dedos en el culo, luego se acomodó sobre ella y la enculó con su terrible pija.
Ya estaba acostumbrado a los alaridos de mamá, pero era excitante al extremo.
La verga entraba y entraba sin tener nada a su paso que la frenase. Con una mano en la espalda aplastaba a mamá contra la cama para que no se levante.
Le enterraba toda su pija en cada bombeo y sus pesados huevos cacheteaban la concha de mamá, provocando que ella se mordiese el labio inferior.
Mamá gimoteaba, pedía y rogaba que basta, pero no con tanto énfasis. Su culo comenzaba a abrirse cada vez más.
Una hora ininterrumpida de bombeo en su culo, lo destrozó, dejándole el ano como un tomate aplastado.
Acabó adentro y cuando se fue, mamá no podía ni darse vuelta.
Otra vez la atendieron, esta vez mucho más tiempo.
Ya era demasiado para mí, y peor fue cuando me enteré que viviríamos allí.
El Amo poseía cada tanto a mamá, pero cuando él no aparecía, otros vampiros machos se ocupaban de mi madre.



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FIN -------------------------------------------------------
No se olviden de comentar el relato para saber que les pareció, que les gustaría leer o ver, y muy especialmente para motivar a Marcel Milord, un amigo que a pesar del tiempo siegue escribiendo e incursionando en nuevos géneros.

Los saludan Gus Becker & Marcel Milord.