jueves, 3 de agosto de 2017

Perversa Vacación


Me llamo Mauro y desde que mi mamá me llevó de vacaciones por primera vez, luego que se divorciara de mi papá, cambió su vida y la mía.

El matrimonio de mis papás terminó hace 1 año y medio casi. Yo preferí quedarme viviendo con mamá y papá se radicó en el exterior.

El divorcio fue en buenos términos, y aunque cuando estaban casados vivían discutiendo, ellos siempre tuvieron cuidado de que yo no los escuchara.

Por suerte, mamá está en muy buena posición porque papá se aseguró que ella no tuviera problemas para criarme.

Pero seguramente a ustedes les interesa como es mi mamá, ella se llama Belén, tiene 31 años, un cuerpo hermoso, su cabello es castaño, largo y con suaves ondas, sobre su frente cae un mechón que ella se la pasa acomodando, sus ojos son color miel y su nariz pequeña, sus labios son muy sensuales y bastante carnosos, sus pechos son grandes, firmes, bien parados, su cintura es fina y posee una cola como dibujada, bien parada y redonda, sus piernas muy firmes, y su estatura es de 1,70mts.

Desde que ellos terminaron su relación, mamá cambió su vestimenta, luciendo más informal, sin llegar a ser provocadora, pasó a mostrar más sus grandes atributos, con polleras más cortas, shorts cortitos y ajustados, pantalones apretados que acentuaban su hermoso culo.

Preparamos rápido el equipaje para salir de vacaciones, mamá contrató 1 mes en un hermoso lugar de Centroamérica, de playa con arena blanca y el mar trasparente. Es un pueblo chico, muy tranquilo según pude ver por las fotos y videos que ella me mostró.

La cabaña que alquiló es chica, con dos habitaciones, comedor con la cocina incorporada, un baño abajo y otro arriba donde están las habitaciones.

El lugar es paradisíaco, la cabaña está frente al mar y la playa es poco concurrida me dijo mami mientras yo ojeaba los folletos de la agencia de viajes.

Luego de un viaje complicado dado que el avión salió con casi una hora de retraso, por fin llegamos, en el lugar nos esperaba un remis. Mientras nos llevaba, vi que había mucha gente negra.

Pasamos por una especie de centro comercial del pueblo que tenía solo 2 cuadras, muy poca gente caminando y todos negros, tampoco había muchos turistas.

Llegamos a la cabaña y nos tomamos ese día para acomodar todo. El remisero ofreció llevarnos al centro para hacer las compras de comida y otras.

Cuando regresamos, teníamos comida para varios días, o sea que íbamos a disfrutar solamente de la playa sin preocuparnos en nada más… o al menos eso creía yo.

Después de dormir la siesta y sabiendo que ese día estaba perdido, salimos a caminar con mamá por una especie de bosque que rodeaba la cabaña para conocer el lugar y ver el crepúsculo. Era realmente hermoso el lugar.
Mamá estaba con un shorcito blanco apretado que dejaba traslucir una tanga negra muy diminuta que se le metía en la raya del culo y una remerita corta roja que dejaba al aire su ombligo.

Caminamos por un angosto camino de tierra y nos alejamos bastante de la cabaña, llegamos a un lugar donde había una casucha de madera muy precaria, afuera, en una destartalada silla estaba sentado un hombre fumando, este era negro, pero muy negro y bastante mayor, de unos 55 años, pelado, con una barba tupida entrecana, vestido con una remera blanca raída y bermudas floreadas.

Nos miró, mejor dicho miró a mamá y se levantó.

Era muy alto, casi 2 mts y extremadamente flaco, huesudo.

Vino caminando hasta ponerse casi frente a nosotros, observé que miraba a mamá, y también me percaté que un bulto comenzaba a sobresalir entre sus piernas.

Cuando le preguntó a mamá si estábamos perdidos, me dí cuenta que le faltaban tres dientes y los que le quedaban eran de un color marrón amarillento.

Mamá le respondió que no, que estábamos conociendo el lugar. El negro le dijo que se imaginaba donde estábamos parando. Ellos se saludaron amablemente mientras yo guardaba distancia de él, y pegamos la vuelta.

Ya en mi cuarto pensaba en lo rápido que a se hombre se le había formado ese bulto y en el tamaño, que era grande, muuuy grande. Me asombraba y estoy seguro que a mamá tampoco se le había pasado por alto. Solamente un ciego no se daría cuenta.

Al otro día fuimos a la playa. Casi parecía una playa privada, solo un par de parejas de gente grande lejos de donde mamá puso la sombrilla a metros de la cabaña.

Ella se sacó el pareo y quedó con una bikini muy diminuta negra, la raya de su cola se comía la tanga dejando bien al descubierto sus preciosas nalgas.

Mami se acomodó boca abajo en la reposera para comenzar a broncearse la espalda mientras yo jugaba con la arena. Pasó el tiempo y ella me llevó al mar.

Si bien estaba muy calmo, me cuidaba para que no me metiera muy profundo, disfrutamos casi una hora del agua.

Al salir del mar nos quedamos un rato largo parados para que la ligara brisa nos seque, luego ella se untó por todo su cuerpo el bronceador, al terminar, nos sentamos en la reposera y cuando apenas empezaba a pasarme el protector solar, vimos al negro que se acercaba.

Estaba con un slip blanco que resaltaba en su piel carbón.

Con una sonrisa desdentada, le preguntó a mamá si estábamos disfrutando. Mientras mamá le decía que mucho, vi que el bulto comenzó a formarse hasta casi reventar el pequeño slip, pero él no se preocupó en lo mas mínimo.

Desde la reposera, mamá fijó sus dulces ojos en esa montaña enorme, cercana a su cara, apenas centímetros separaban la nariz de ella de la entrepierna de él.
Para evitar que yo presenciara como esa bestia estaba a punto de huir del ajustado bañador, mami lo invitó a sentarse a su lado, quedando ella en el medio de nosotros.

Pero acomodándome hacia los pies de la reposera y asomando mi cabeza hacia adelante, yo igual seguía viendo todo.

Mi concentración estaba puesta en ver como el elástico del slip se separaba más de su cuerpo dejando una pequeña abertura para que escapase de un momento a otro el contenido voluminoso de ese pequeño traje de baño, por eso oía a medias lo que hablaban.

Escuché que el negro se llamaba Jeison, que tenía 57 años, y que hacía reparaciones en general.

No me gustó para nada que socialicen y menos que estuvieran tan juntos, el negro no dejaba de mirar fijo las tetas o el culo de mamá, según como ella se acomodase.

Por fin nos fuimos a almorzar a la cabaña y el negro se fue.

A la tarde volvimos pero el negro no apareció, pero esa noche, antes de comenzar a cenar, sentimos que golpeaban la puerta, era el negro que traía una bandeja de panes caseros con queso típicos del lugar.

Mamá lo invitó a cenar y el negro enseguida aceptó.

Ella estaba solo con una remera blanca larga que le tapaba apenas el culo y no se notaba bombacha, estoy seguro que no tenía nada abajo.

El negro también lo notó porque mientras estábamos sentados esperando que ella sirviera la comida, nuevamente el bulto comenzó crecer más que antes, algo desmesuradamente enorme se marcaba debajo del pantalón de bambula celeste floreado que el negro tenía puesto.

En la cena hablaron casi ignorándome, la única vez que mamá se fijó en mí fue para decirme que no bebiera tanta coca cola que luego me hacía pis en la cama.

Después que tomaran el café, el negro se fue prometiendo encontrarnos en la playa al otro día.

Ya comencé a presentir que algo horrible para mí se estaba formando, tenía una sensación rara en el estómago.

Al otro día, estaba bastante nublado, como si una tormenta tropical pronto nos cubriría, pero fuimos igual a la playa, a pesar de mis quejas y ganas de quedarme en la cabaña.

Mamá esta vez, fue con una mini bikini naranja, el corpiño era un pequeño triangulito de tela que naufragaba en el centro de sus senos y una tanga tipo hilo dental. De atrás parecía que estaba desnuda.

No llegamos a acomodar las cosas que apareció el negro, me acarició la cabeza al pasar y le dió un beso a mamá en la mejilla, y sin que nadie lo invite agarró una reposera y se sentó al lado de ella.

Las dos reposeras estaban bien juntas, el desgraciado las dejó pegadas.

Yo estaba jugando con la arena a unos 3 metros, no escuchaba bien lo que hablaban, los veía reír de a ratos.

Estaban tan inmersos en la charla que mamá se olvidó de poneme protector y decirme que no me metiera al agua, cosa que hacía siempre.

Habrá pasado como una hora o más y de golpe hubo silencio.

El negro, con una cara muy seria, le clavó los ojos a mamá y se inclinó en la reposera quedando frente a ella, el bulto le estallaba y pude ver que comenzó su pija a desesperarse moviendo el slip y asomando su gran cabeza apuntando hacia el cielo.

Los labios de él se situaron a un costado de la cara de ella y comenzaron a susurrarle al oído, mamá giró su cabeza para mirarme, pero yo me hice el distraído.

Con cuidado espiaba de reojo y vi que el negro le sujeto una mano por arriba y entrecruzando sus dedos con los de ella, muy despacio la condujo a la porción de esa morcilla grande que asoma de su slip.

Mamá se negaba, apenas a la fuerza su suave mano rozó la piel de la exorbitante cabeza negra en forma de hongo.

La conversación siguió en voz baja, pero ya con las dos manos de mamá envolviendo con sus finos dedos la parte de verga que asomaba y llegué a escuchar al negro diciéndole mientras que le acariciaba el costado de una teta:

  • Vamos a caminar un rato al bosque.
Ella se levantó y me dijo que me quedara allí, que en un rato volvería, el negro mientras se acomodaba la pija en el slip, me miró y me guiñó un ojo sonriendo.

Después de prometerle que no me metería al mar solo, vi que se marchaban.

Esperé un rato y decidí ir tras ellos a ver que hacían.

No tuve que caminar mucho, los escuché y colocándome atrás de unas plantas los observé.

El negro la tenía apretada contra un árbol rodeándola con sus manazas mientras las de ella estaban en el pecho de él tratando de frenarlo.

Mamá lloriqueaba, como si sintiera algún tipo de culpa, él sacó su larga lengua y comenzó a pasarla por las lágrimas de ella.

  • Por qué lloras nena?
  • No quiero, por favor.
Lejos de parar, el negro ahora apoyó su bulto sobre ella, al sentirlo, mamá cerró los ojos y comenzó a llorar, su respiración se entrecortaba como si le faltase el aire. paro sus manos salieron del pecho del negro para abrazarlo.

El negro, sabiendo que rompió la primera resistencia de ella, se apretó contra el cuerpo de mamá y comenzó a moverse, frotando su bulto.
Ella ahora con sus manos le recorría la espalda. Él comenzó a amasarle una nalga, al tiempo que liberaba su enorme pija muy gorda.

Mamá gimió, siempre llorando.

Una mano de ella fue a la bestia liberada, recorriéndola desde los pesados huevos con rulitos negros hasta la cabeza, la sopesaba como constatando su dureza.

Cuando él intentó bajarle la bikini, ella lo paró y le dijo que allí no.

El negro no se cansaba de besarla y con movimientos coitales le paseaba la pija por toda la panza de ella, las tetas fueron sobadas con vehemencia.

Cuando uno de los dedos de él quiso entrar en la vagina, ella lo volvió a frenar, el negro se separó de mamá, como pudo guardó su verga en el slip y le dijo que esa noche iría a la cabaña.

Volví porque sabía que ellos también lo harían en breve.

Me senté haciéndome el tonto y aparecieron. Mamá me besó nerviosamente preguntándome cómo me había portado.

Ellos se despidieron, nosotros levantamos todo y nos volvimos a la cabaña.

A la tarde, una fuerte tormenta se largó y por el miedo a los fuertes truenos que rugían, dormimos en el sofá la siesta abrazados y cuando nos levantamos, mamá se dió una ducha.

Estaba callada y seguía con los ojos llorosos.

Me dijo mientras tomaba un café y yo la leche, que esa noche vendría el negro a cenar con nosotros y después de muchos rodeos me dijo:

  • Maury, podes quedarte a dormir abajo esta noche?Jeison me va a hacer unos masajes porque el es especialista en eso y vamos a terminar muy tarde y... tal vez se quede a dormir. Acá podes jugar con la play y mirar tele. No te molesta, no?
  • No mamá, para nada... me quedo a dormir en el sofá.
Evidentemente ya estaba entregada.

Tuve una gran erección al pensar que mami se iba a comer esa gorda pija. La iba a destrozar el negro.

Me hizo la cama en el sofá y me enchufó la play.

La tormenta cada vez era más fuerte y me daba una tenue esperanza que por ahí el negro no vendría. El viento silbaba en las ventanas, daba miedo.

Mamá cocinó una tarta de calabaza con queso que a mí me encanta, señal que la conciencia le remordía.

A las 20 horas subió a cambiarse y bajó con camisón negro trasparente que le llegaba un poco arriba de las rodillas, se notaba claramente que debajo llevaba una diminuta tanga negra y estaba sin corpiño. Mientras hacía los últimos preparativos, me daba cuenta que mamá estaba intranquila, pero mucho más que sus pezones estaban parados a reventar, asemejándose a dedales.

Yo sabía por espiarla con papá que mamá no era “experta” en la cama y la batalla con esa terrible pija sería despareja.

Pasadas las 21 horas golpearon la puerta, mami fue corriendo a abrir provocando que sus tetas rebotasen con cada paso que daba, los ojos del negro al entrar se inyectaron en sangre al verla vestida tan provocativa. La torrencial lluvia cayendo a baldazos detrás de el negro le daba un toque de terror a la macabra escena.

Cenamos en silencio en un triangulo bizarro de miradas.

Durante toda la cena no aparté mi mirada en la cara de violador serial del negro, los ojos de él permanecieron enfocados en las casi desnudas tetas de mamá y los de ella en mí.

Ella volvió a repetirme que después de la cena, subirían a la habitación para que él le de un masaje relajante, que yo me quede a dormir en la planta baja porque con la tormenta Jaison se quedaba a dormir en mi cuarto.

Me di cuenta que el negro era un terrible hijo de puta, porque cuando mamá fue al baño me dijo:

  • Quedate tranquilo acá, voy a masajear muy profundamente a tu mami y puede gritar un poquito cuando toque algunas zonas jajajaja… las blancas no están acostumbras a ser tocadas por negros y gritan como un marrano destripado cuando me sienten… no te asutes que va a disfrutarlo.
Cuando mamá volvió, fui al sofá, ella me acompañó, encendió la play, puso el volumen alto pero igual me pidió que me pusiera los auriculares.

Vi que subieron y las manos del negro se perdían en el cuerpo de ella.

Esperé un rato y despacio comencé a subir, solo uno de los escalones de madera hizo un poco de ruido.

Cuando llegué al pasillo, vi la puerta entornada un poco y la luz roja del velador prendida.

El pasillo estaba muy oscuro, me ubiqué en la entrada del baño que estaba enfrente de la habitación de mamá, desde allí tenía una visión perfecta.

Estaban parados al lado de la cama, el negro la tenía a mamá de la cintura y ella apoyaba sus manos en la espalda de él.

Ya el negro se había quitado la camisa, y bajaba sus manos hasta llegar al culo de mamá, que lo toqueteo mientras la besaba frenéticamente introduciendo su larga lengua en la boca de ella que la recibía.

Subió una mano y agarró la cara de mamá apretándole los cachetes haciéndole abrir la boca y le dijo:

  • Quiero que tragues todo lo mio y yo lo tuyo.
Escupió en la boca de mamá obligándola a tragar todo y después volvió a escupirle.

Se puso loco viendo como ella tragaba la abundante saliva.

La dió vuelta, se arrodilló, le levantó el camisón y enterró su cara en el culo de mamá, ella gemía como loca, le arrancó la tanga y después le sacó el camisón dejándola desnuda.

El se puso en bolas y su enorme gorda pija estaba como piedra.

La acostó y comenzaron a besarse mientras él después de acariciarle bien la concha comenzó a meterle dedos, ella se encorvaba del placer, gemía muy fuerte.

Le pedía que parara, pero él ya tenía dos dedos cogiendo la concha que comenzaba a humedecerse.

Mamá se retorcía mientras él le chupaba la concha y le mordía los labios vaginales, el orgasmo de ella no tardó.

Ahora era mamá la que bajó su mano agarrándole la pijota, se acomodó y comenzó a pasarle la lengua, casi no le entraba en la boca mientras el negro gritando pujaba para hacérsela tragar.

Mamá comenzó a tener arcadas y la abundante saliva caía sobre la terrible verga, mientras el negro se reía.

El negro esperaba que mamá se repusiera y otra vez le metía la pija en la boca, a la tercera se la enterró de prepo casi toda, haciéndola vomitar.

Se la metió en la boca de una manera tal, que los ojos de ella comenzaron a desorbitarse, le apretó la nariz, evitando que mamá respirara. Cuando la liberó, mamá vomitó nuevamente ensuciándose las tetas el estomago de saliva y restos de comida. La cama era un asco.

Ella fue rápido al baño para seguir vomitando, mientras el negro limpiaba las sábanas con una toalla.

Mamá regresó a la cama y el negro, con una sonrisa maliciosa, le susurraba asquerosidades en el oído.

La acomodo boca arriba, se untó la pijota con crema, y se acomodó sobre ella., mientras con una mano enfilaba la enorme cabeza hasta apoyarla en los labios de la concha, le dijo:

  • Aflojate bien para recibirla, si te duele mucho rompeme la espalda con las uñas, pero no intentes poner las manitos para separarme porque te comes un cachetazo.
Con la cabeza de la pija acarició los labios de la vagina y comenzó a meterla. Mamá se contuvo de gritar sabiendo que yo podría escucharla.

Pero cuando la pija comenzó a perderse de vista en la concha, ella hizo lo que él le pidió, comenzó a clavar sus uñas en la espalda de él.

Mamá movía la cabeza de un lado al otro, desesperada hasta que no aguantó más y lanzó un bramido. El negro la miraba sonriente y comenzó a escupirle en la cara, buscaba que mientras mamá sufría esa brutal penetración tragara sus escupitajos y lo estaba consiguiendo.

Por fin el negro logró ocultar toda la pija en la pobre y casi desgarrada vagina, los pesados huevos la castigaban chocando contra ella incansablemente.

La dejó un rato quieta con toda la descomunal verga adentro mientras ella se retorcía de dolor.

El negro esperó que la concha se adaptara como podía a ese enorme aparato invasor. Las fuerzas de mamá comenzaron a ceder y era hora de que la comenzaran a bombear.

Las penetraciones eran despacio pero luego el ritmo fue aumentando. La espalda del negro estaba cubierta de arañazos y sangraba.

Ya el bombeo estaba a un ritmo infernal, la cama crujía como para romperse y el negro parecía saltar en cada pujada logrando que ella gimiera alocadamente a los gritos.

La concha ya estaba aceptando al enorme intruso, los dos estaban desbordados de placer, gritaban, gemían, se puteaban.

Mamá abrió más las piernas para que la verga penetrara más fácil.

El negro acostado boca arriba, la sujetaba del culo para elevarle la pelvis y las penetraciones fueran más profundas.

Pasaba el tiempo y el chirriar de la cama se mezclaba con los gritos y quejidos, menos mal que la cabaña estaba alejada, porque sino los vecinos también escucharían fácilmente lo mismo que yo.
El infierno cesó cuando el negro eyaculó. Se tomó todo el tiempo del mundo para sacarla y mamá se orinó cuando la pija salió empapada de semen.

Bajé rápido y me tapé en el sofá haciéndome el dormido, escuché que ambos fueron al baño y al rato el negro bajó desnudo a buscar una cerveza. Parecía que tenía un péndulo gigante de carne negra entre las piernas.

Creí que esa noche terminaría ahí, mamá no aguantaría otra cojida, estaría destruida luego de ser ultrajada salvajemente por esa descomunal verga y no me equivoqué.

Al día siguiente cuando me desperté continuaba lloviendo y parecía que el negro ya estaba establecido con nosotros.

Al mediodía mamá nos preparó el almuerzo vistiendo el mismo camisón de la noche anterior y debajo una tanga chiquita blanca, ella estaba en silencio, el negro me miraba y se reía.

El hijo de puta clavó la vista en el culo de mamá mientras ella lavaba los platos.

Se masajeaba la pija sobre el bóxer, al tiempo que miraba como se le veía la breve tela de la tanga diminuta entre los voluminosos cachetes del culo bajo el camisón trasparente.

El culito de ella era el próximo objetivo.
No aguantó más, se paró y se puso atrás de ella apoyándole el bulto en el culo, rodeó con sus manos la fina cintura de mamá, apretándola contra él. Mamá dijo que no, que yo estaba allí, que por favor la soltara.

Comenzó el forcejeo.

Mamá trataba de sacárselo de encima golpeándolo con los codos y pateándolo, el negro le dió un cachetazo que casi la tumba, se dió vuelta y mirándome gritó:

  • Anda arriba pendejo y encerrate en una habitación, mamá no quiere que veas como le voy a romper el hermoso culo que tiene, andate ya y no te muevas de allí.
Mamá dulcemente me dijo mientras el negro le bajaba la tanga:

  • Hacele caso hijo, anda arriba y no bajes te lo pido por favor… corré, es lo mejor para vos y para mí…
Me fui casi temblando, pero me quedé en el pasillo de arriba para asomarme cuando la acción comenzara.

Yo tenía una erección, lo que vendría sería la destrucción total de mamá y eso, sin querer, me excitaba.

El negro la llevó a la rastra al sillón, la sentó, le dió un terrible cachetazo haciéndola gritar y le gritó:

  • No empecemos con cosas raras, la próxima es una trompada en el medio de tu carita, comenzá a relajarte para que el agujerito del culo no se frunza y entregámelo, te lo voy a destrozar hija de puta, culona.
Mamá lloraba, pero no dijo nada, tenía miedo que el negro le siguiera pegando, ella estaba sentada en el sillón, él se puso de rodillas, le abrió las piernas y comenzó a chuparle la concha hundiéndole bien la lengua y estimulándole el clítoris con una mano, ella tiró su cabeza para atrás y con sus manos le agarró la cabeza a él.

Cuando el negro la vio bien caliente, le sacó la lengua, la giró para que mire al respaldo y la hizo colocar de rodillas en el sillón, quedando el culo bien parado. Le abrió las piernas, le levantó bien el camisón.

Se desnudó y comenzó a escupirle el agujerito cerrado del culo y a ensalivarse la pija.

El estaba de pie, se agachó un poco hasta que la cabeza de la terrible pija toó el esfinter anal, volvió a escupir y empujó la pija para penetrarlo.

Mamá lanzó un alarido que retumbó en toda la casa, cuando el glande comenzó a abrirle pobre ano.

Pero el negro pujó más y la cabeza entró. Otro grito de ella mucho más fuerte que el anterior me hizo temblar, ella lloraba como una viuda desconsolada.

La pija seguía entrando y el culo se resistía.

Empujaba dejándose caer sobre el bello cuerpo de ella para que su verga ganase más centímetros. Ya el culo dejó de luchar contra ese enemigo poderoso.

La pija desaparecía, el culo comenzó a romperse, mamá a los gritos y rompiendo el respaldo del sillón con sus manos.

Sin esperar, debido a la terrible calentura que tenía el negro con el culo de mamá, comenzó a bombearlo.

Ella no se desmayó de milagro, la gorda verga estaba destrozando ese esfinter anal. A pesar de la desgarradora escena, ese culo se veía mucho más hermoso con la descomunal verga penetrándolo.

Un verdadero desastre, la pija entraba y salía incesantemente., mamá dejó de llorar pero no de gritar.

Más de media hora el culo de mamá sufrió esa tortura.

Acabó y el negro gozó cuando la sacó y vio lo abierto que estaba el pobre ojete de ella.

Así continuaron las vacaciones, que tuvieron como saldo, todos los agujeros de mi mamá destruidos, pero ella gozando de ser cada día más puta.

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Marcel Milord Gus Becker ®

Los comentarios le dan vida al blog y nos motivan a escribir un nuevo relato para el próximo mes.

Saludos.


sábado, 8 de julio de 2017

Mi Tío Ramón 1 - El Macho De Mi Madre


Dicen que la familia es la mejor contención de cada persona, pero no siempre es así, hay veces que conviene mantenerse alejado de algunos familiares, porque ellos son un infierno y estar cerca de ellos nos puede llevar a la desgracia.
Mi familia es una familia normal, trabajadora como cualquier otra, y se compone de mi papá de nombre Andrés, camionero, 46 años, estatura normal, un poco barrigón por su falta de actividad física debido a que pasa mucho tiempo arriba del camión, haciendo viajes largos a otras provincias y países limítrofes, es bonachón muy simpático. Mi mamá se llama Jésica, tiene 41 años, mide 1,67 mts, pelo lacio de color castaño oscuro hasta un poco más bajo de sus hombros, delgada, tez trigueña, ojos grandes color miel, labios tentadores y muy bonita de cara, de cuerpo exuberante, su mejor atributo son sus pechos ya que usa talla 100 de corpiño y se le notan turgentes a pesar de su edad y su trasero se lleva varios silbidos de los hombres al pasar. Ella fue maestra pero ya no trabaja más porque a papá no le gusta y el sacrificio de él nos alcanza para vivir bien, sin lujos pero no nos falta nada.
Mi nombre es Gonzalo, pero todos me llaman Gonza y estoy terminando la secundaria, lamentablemente soy hijo único, me hubiera tener hermanos, pero me conformo con ser el mimado de mamá.
Vivíamos en paz hasta que mi tío Ramón alteró la armonía de mi hogar. Él es el hermano de mi papá y es un vago borracho que siempre le tuvo alergia al trabajo, se juntó con varias mujeres pero siempre sus relaciones terminaron mal, porque vive del trabajo de ellas y cuando se dan cuenta lo rajan a patadas.
Él es grandote, mide más de 1,80 de altura, fornido, de modales brutos, desprolijo al vestir, con barba de varios días, a pesar de ser pelado al igual que papá tiene todo el cuerpo peludo en especial el torso y los brazos, como si llevara un pullover, y no tiene hijos. Si bien tío es mayor que papá, mi viejo siempre se sintió responsable de él y trató por todos los medios de darle una mano.
La ruina de mi tranquilo mundo comenzó un día que tocaron el timbre y resultó ser mi él, mi tío, que hacia como dos años que no lo veíamos, para contarle a papá que su mujer lo había echado de casa. A pesar que en ese momento papá no nos contó el motivo, transcurriendo los días, con mamá nos enteramos que Marta la mujer de mi tío lo encontró con la hija de ella (no de mi tío), una chica de 23 años.
Papá sin consultarle a mamá y a mí por sobre todo ya que resulté el más perjudicado, le dió cobijo armándole un catre en mi habitación, lo que provocó una fuerte discusión entre mis padres y que ella no le dirigiera la palabra por varios días.
A pesar que mi tío se mostraba bromista y compinche conmigo, la presencia de él me intimidaba y alteraba la rutina de nuestra vida familiar cotidiana.
Mamá ya no se levantaba en camisón para prepararnos el desayuno o para andar de entrecasa y si lo hacía, se ponía esos que eran de la época de mi abuela, largos desde el cuello a los pies, dejó de lado los cortos y ajustados camisones por esos que se asemejaban más a sotanas de monja, pero por lo general usaba la bata de toalla blanca.
Mi tío solía salir por las tardes y regresaba alrededor de medianoche con un pedo que nos despertaba a todos, hablaba a los gritos, ponía música fuerte o puteaba contra su ex mujer. Mientras mamá le preparaba café negro, papá trata de calmarlo.
Estando así, en varias ocasiones se ponía cargoso con mamá diciéndole groserías, manoseándola e incluso intentando besarla. Papá le pedía a ella que le tenga paciencia, que él no era así, que se debía al alcohol, que Ramón seguramente la confundía con Marta, su ex.
Verlo así me daba miedo, me encerraba en mi habitación y fingía dormir cuando venía él a acostarse, pero servía de poco, porque zamarreándome me despertaba para sacarme de mi cama, diciéndome que él era más grandote que yo, y que no entraba en el catre. De verdad le tenía terror cuando estaba borracho y me daba pena por papá decírselo, porque sabía muy bien que si le contaba, mi viejo lo tendría que echar de casa y eso le rompería el corazón.
Pero lo peor no era que él usara mi cama, sino que me comentara que mi mamá lo calentaba:


- Gonza tu vieja tiene unas gomas que parecen dos cabezas de enano… ufff… las turcas que debe hacer… pero no a tu viejo porque mi hermano siempre tuvo pito corto jajajajajaja… que injusta que es la vida él con esa pijita se garcha al hembrón de tu mamá y yo que la tengo como un caballo tengo que pajearme…


Y sin reparos, presenciaba como se masturbaba debajo de la sábana.


- ¿Nunca supiste si ella tiene algún macho por ahí?
- Nooo
- Tiene que haber alguno que le llene el tanque, esa carita de chupa pija debe tener a todo el barrio alzado…
- Mi mamá es fiel, no es ninguna atorranta como vos crees
- No creo que mi hermano la deje satisfecha… cuando eramos pibes siempre le cogía a las novias, ellas me buscaban porque sabían que era pijudo, salían con tu viejo sólo porque el idiota les pagaba el cine, el boliche y les hacía regalitos, pero en la cama no pasaba nada y las dejaba más caliente que una pava, él calentaba el agua para que yo me tome el mate jajajajajajaja…


Mi tío se destapó y por la luz de la luminaria de la cuadra que entraba por la ventana, pude ver una verga enorme, muy larga y sobre todo gruesa, se masturbaba con una mano y sobraba bastante pija. Su ancha mano no llegaba a cubrir semejante vergón.


- De pensar en el potente culo de tu madre se me pone muy dura… sobrino ese culo no se hace, con ese culo se nace… es una culisuelta picante, ese orto no es broma… recuerdo cuando vos eras pendejo y te llevábamos a la playa… mmm… las tangas que usaba esa perra… cuando te daba la espalda podías ver ese triangulito de luz entre la cola y las piernas cerradas que te permita ver para el otro lado… uhhh… con esos cachetes gordos parecía una manzana, era perfecto, tenía que meterme al mar para que se me baje algo la verga y no me vean al palo… y esas tetas empitonadas, siempre en punta, firmes, redondas, como le rebotaban al caminar… ahhh… tu viejo una vez me enganchó con tremendo bulto bajo la maya y pensó que era por las pendejas que se encontraban cerca nuestro, el boludo no se dió cuenta que era su mujer quien me la ponía como un garrote jajajaja...


Me comencé a excitar escuchando como describía a mi mamá y observando lo empalmado que estaba mi tío, sabía que era linda pero nunca había advertido su cuerpo como mujer no como madre. Me turbaba saber que mi pene entraba en erección por la calentura que me daba escuchar a ese hombre hablar vulgar de mi mami.
Hasta donde yo estaba acostado llegaron gotas calientes de la copiosa eyaculación de mi tío, al notarlas correr por mi piel me dió asco y me limpié con la sábana.
Al minuto, el hijo de puta entró a roncar como un búfalo, con su chota morcillona al desnudo; Pensando que a la mañana podía entrar mamá para despertarme como acostumbraba hacer y ver ese bochornoso espectáculo, decidí levantarme y taparlo. Al intentar correr la sábana que estaba debajo de su verga, noté lo pesada que era, por más que estaba semi flácida era el doble de la mía, Ramón tenía un monstruo entre las piernas, a la mayoría de los actores pornos haría envidiar.
La cama estaba regada de su semen, por donde agarrara de la sábana, las yemas de mis dedos percibían lo mojada que estaba y me producía arcadas.
Con el pasar de los días una serie de sucesos extraños comenzaron a ocurrir, primero la bata blanca de toalla de mamá, esa que usaba para salir de la ducha y también cuando se levantaba por las mañanas, desapareció; Y segundo, unos días antes de una carga que tenía que transportar papá a Bolivia, el desabillé y los camisones tipo sotana, aparecieron rasgados y rotos, en la soga de colgar la ropa. Por esto último papá culpó al perro, un cachorro de doberman que teníamos en el patio de atrás, en donde se encontraba la soga, pero me costaba creerlo, ya que nunca rompió nada.
Lo que provocó, que a la mañana siguiente al viaje de papá, mamá estuviera en la cocina preparando el desayuno vistiendo un escueto camisolín negro con encajes, con un amplio escote y de largo apenas llegaba a cubrir los cachetes de la cola dejando ver una parte de la tanga.


- Hola hijo, buen día, perdoname por mi apariencia pero no tenía que ponerme y me daba pereza vestirme.
- Esta bien mami, te ves muy linda.
- Gracias tesoro, sos muy galante.


Ella estaba descalza sirviendo la mesa de la cocina y se la veía muy sexy con el cabello revuelto y con el ir y venir de esas piernas bien formadas.
Fue muy raro que mi tío se nos uniera para desayunar tan temprano, por lo general lo hacía solo y muy cerca del mediodía. Al contemplar a mamá una sonrisa malévola se le dibujó en su cara.
Paradójicamente su comportamiento fue muy correcto, pese a tener una mujer casi en bolas a su lado, se mostró como todo un caballero.
Mamá le pidió disculpas a él también por su apariencia, pero Ramón la tranquilizó diciéndole que estaba vestida como una mujer acorde a su edad y no disfrazada de bañista del siglo pasado.


- ¿No, Gonza que mamá así parece más joven?
- Si, es verdad.


Me descolocó la pregunta de él, ¿Pero qué otra cosa podía contestar? Mi respuesta la alegró y si hubiera dicho que “no”, la hubiera apenado.
Nuestros cumplidos alentaron que ella siga usando ese tipo de prendas ajustadas y cortas.
Ramón cada mañana se levantaba más temprano, incluso antes que nosotros, esperando la aparición de mamá. No perdía un sólo detalle de su cuerpo, la miraba como queriéndola memorizarla.
Sentado en la mesa, estaba muy torpe, frecuentemente se le resbalaban las cosas cuando ella pasaba a su lado y al agacharse a recogerlas casi su nariz rozaba la piel de ella, y si mamá le levantaba lo que se le caía, obtenía de premio un panorama magistral de las tetas colgando.
Al terminar de comer, mientras ella lavaba la vajilla, él con la excusa de ayudarla pegaba su cuerpo al de mamá, rodeándola por la espalda con sus brazos sin dejarle escapatoria y le restregaba el bulto de su short por la cola de ella. Mami intentaba disimuladamente sacárselo de encima para que yo no me diera cuenta y se armara quilombo, pero él estrechaba más su cuerpo al de ella:


- Por favor Jésica, dejate… ayudar.


Como ella es petiza y él un mastodonte, le resultaba imposible escaparse y no le quedaba otra que soportar a mi tío paseándole su hombría por todo el prominente culo y algún que otro “accidental” apretón de teta.
Si yo permanecía detrás de ellos hubiera visto todo normal, pero sabiendo de las intenciones de mi tío, me ubicaba a un costado para ser testigo de lujo de la escena cachonda.
Al terminar de lavar y separarse los cuerpos, él quedaba con un bulto impresionante en la entrepierna que mostraba como con orgullo y mamá no podía evitar de observarlo, lo hacía disimuladamente con el rabillo de sus ojos.
Una noche me junté de valor y decidí encarar a mi tío:


- Por favor tío, dejá en paz a mamá, he visto como la acosas, debería darte vergüenza, andate de casa o le voy a contar todo a papá cuando regresé.


Ramón con una mano me agarró del cuello y me estrelló contra la pared, me asfixiaba, apenas entraba aire en mis pulmones, con una fuerte cachetada me tumbó en mi cama.


- ¿Quién carajo te crees que sos para amenazarme? Llegás a abrir la boca y te desfiguro a trompadas, ni 15 cirujanos juntos van a poder reconstruirte la cara… tu mamá es una buscona que necesita que un buen macho la coja… ¿O acaso no te das cuenta como me relojea el paquete?… cuando la apoyo me menea el culito para que le entierre más la pija… hace mucho que no la pongo, a menos que me pagues las putas, le voy a romper todos los agujeros, te la voy a dejar renga de tanto culearla…
- ¿Pero si yo no trabajo, cómo voy a pagarte las putas? No tengo ni una moneda para darte.
- Yo tampoco tengo dinero, entonces... ¿Me entregas vos el culo o lo hace ella?


Me hablaba bajándose los pantalones y acercando su tremenda verga a mi cara, sujetándome de los pelos, casi arrancándolos.


- Nooooo, por favor… ¡Alejate!
- Quedate piola y no me jodas, ni digas ni una sola palabra, mostrate manso delante de ella y seguime la corriente o te dejo el orto como una palangana…. pelotudo de mierda, queriéndose hacer el malo conmigo… va a ser mejor que no te pierdas como tu mami se convierte en mi putita, por ahí aprendés algo y hasta te guste jejejejeje…
- Por lo que más quieras nooooooo… no le podés hacer esto a papá, él siempre te ayudó.
- Él siempre fue un cornudo de mierda… ¿La ves bien? Toda esta se va a comer la tetona… por la concha y por el culo…


Me lo decía agarrándose la verga de la base y sacudiéndola, para mostrármela en todo su esplendor. Y era algo temible, muy gorda y venosa, de largo superaría los 24 cms, con unos huevos peludos y grandes y una cabeza monstruosa.
Como no le contestaba, me golpeaba fuerte en la panza.


- Siiiiiiii, la veo, la veeeeo… ya basta… está bien, voy hacer lo que digas pero no me pegues más…


Recién ahí me soltó, me sentí como la peor basura del mundo, pero no me quedaban dudas que si no colaboraba con él me molía a palos o lo que era peor, me rompía el orto con semejante tranca.
Me acosté en el catre intentando dormir para despejar mi mente de lo que le deparaba el futuro a mi mamá.
No sé cuánto tiempo pasó, pero un duro coscorrón me despertó, era de noche aun, mi tío me dijo que lo acompañara sin hacer ruido.
Algo aturdido, me levanté y lo seguí hasta la puerta de la habitación de mis padres, él sigilosamente abrió la puerta y mamá se encontraba en la cama durmiendo boca arriba despatarrada, solo llevaba una braga culotte.
Mi tío me hizo seña que nos acercáramos y me percaté que él estaba completamente desnudo, con su verga más parada que nunca.
Nos paramos al lado de su cama, en dirección contraria a donde apuntaba la cara de ella y mi tío me susurró:


- Que pedazo de puta, mirá como duerme casi desnuda… esas tetas son descomunales… ¿Alguna vez la viste así?
- No...
- Mira que carnosos tiene los pezones…


Mi tío acercó su nariz a la tanga y la olió, solo la fina tela de la prenda separaba la vagina de su cara.


- Huele riquiiiiiiisimo… a hembra caliente… mmmm…


Con ademanes me indicó que nos fuéramos, de regreso al cuarto me dijo:


- Tiene la concha peluda, no me gusta se la voy a tener que afeitar… estoy muy caliente, pero no quiero pajearme, guardo mi leche para dársela a ella jajajaja...


No creo que esa haya sido la primera vez que entrara a la habitación para espiarla, el desgraciado sabía muy bien que ella tiene el sueño pesado y no se despierta fácilmente.
A la mañana siguiente tenía un importante examen en el colegio y por razones obvias no había estudiado nada, salí de casa sin desayunar porque tenía el estómago revuelto y quería arreglar para que algún compañero me deje copiarme de él, por suerte Pablo, mi mejor amigo, me ayudó.
A media mañana, después de la prueba, la preceptora me notó mal, le dije que estaba descompuesto y me dejó volver a casa.
Al entrar percibí un ruido extraño que venía del patio trasero, me acerqué con sigilo observando a mamá retorciéndose tirada en el pasto boca abajo con mi tío sentado en su espalda, levantándole la pollera dejando al descubierto un culo hermoso entangado. Ella suplicaba que la suelte mientras él tiraba de la tanga enterrándola entre sus cachetes como si fuese un hilo dental, y con la otra mano se sacaba el cinturón.
Mi tío le pegaba fuerte nalgadas con el cinturón y paraba de vez en cuando paraba preguntándole algo que no alcanzaba yo a escuchar, supongo que por la negativa de ella, él le volvía a dar latigazos en el culo; Siguió esto hasta que la cola le quedó roja como un tomate:


- Paraaaaaaaa… está bien… calmate…
- ¿Aceptas?
- No puedo…
- Excusas dan los chicos y vos sos una calienta pija que lo deseas…
- ¿Estás loco?
- Siiiii, loco de calentura por metértela...
- Soy una mujer casada y tengo un hijo… ¿Te olvidaste?…
- El cornudo nunca está y el pendejo no se va a enterar…
- Noooo… si Gonza se entera me muero…
- Si pasa eso, él es grande y va a comprender que una mujer sola tanto tiempo tiene necesidades (expresó dándole otro sonoro cinturonazo)
- ¡OK!.. pero por favor ya no más… paraaaaaaa… está bien (decía llorando).


Me retiré antes que me vean y caminé sin rumbo por ahí para hacer tiempo, volví a la hora acostumbrada.
Mi tío estaba sentado en uno de los sillones, le pregunté por mamá y me dijo que en su dormitorio, durmiendo, porque algo le había caído como el culo y se río siniestramente.
Cuando me encaminaba a subir las escaleras para verla, me dijo:


- No la jodás, dejala sola… ¿Te acordás de la bombacha que usó tu mami anoche?
- Si ¿Qué tiene?
- No me gusta, es de ama de casa y no de trola, más tarde cuando baje, entrás a su pieza, le sacás todas las que son de ese estilo y dejás solo las más chiquitas, ¿Entendiste?.. quiero que se vea putita...
- Pero se va a dar cuenta…
- ¿Y? Me importa una mierda… vos hacé lo que te ordené.


Cuando tuve oportunidad, cumplí con la tarea ordenada, contrariamente a lo que pensaba ella no dijo nada sobre su ropa faltante.
Estaba como rara, cambiada, antes de la llegada de Ramón, durante el día ella usaba asiduamente ropa suelta, joggings, remeras y zapatillas, pero dejó de lado todo eso, para vestir minifaldas, vestidos cortos, blusas ajustadas, y demás ropa provocativa con zapatos de taco alto.
Una noche unos ruidos me despertaron, era un rechinar de cama, al que se le sumaban unos gemidos, pensé que serían mis padres, pero recordé que mamá estaba sola, inmediatamente busqué a mi tío y no estaba en mi cuarto.
Lo más rápido que pude fui en total obscuridad a la habitación de ella encontrando la puerta cerrada, pegué mi oreja y los gemidos se hicieron más sonoros. Los pocos diálogos que se decían no alcanzaba a entenderlos.
Mi pene reventaba debajo de mi pijama y no poder saber con total certeza que sucedía allá dentro me desesperaba y me daba un morbo de infarto.
Permanecí como un centinela de guardia frente a la puerta por más de una hora, hasta que el rechinar de la cama paró, regresé a mi cuarto y permanecí oculto tras mi puerta espiando en dirección al cuarto de mis padres. Estaba desesperándome hasta que por fin se abrió la puerta y salió mi tío en bolas con su verga bamboleándose como un péndulo y caminó hasta el baño.
Mi habitación quedaba en una punta del pasillo y en la otra la de mis padres, entre ellas a la mitad del pasillo estaba el baño y frente a este las escalera que llevan a la planta baja.
La luz que salía del baño entraba a la recamara de mamá y me permitía verla desnuda boca abajo, con las piernas ligeramente abiertas.
Al escuchar el correr del agua del inodoro, me acosté y fingí dormir.


- Ya sé que estas despierto jajajajjaaja… ¿No tenés curiosidad por saber qué pasó?


La tentación me dominó y no pude resistir contestar que sí.


- Tu mami es una fiera, me dejó los huevos secos jajajajajajja
- Eso no puede ser…
- ¿Y qué te crees que estuvimos haciendo encerrados? ¿Rezando por el pronto regreso de tu viejo? jajajaja
- Parte del trabajo ya está hecho, ahora sólo me falta profundizarlo, ya te vas a dar cuenta… jajajaja y ahora dejame dormir que tu vieja me fundió…


Sabía que era cierto pero algo dentro mio lo negaba, no quería aceptar la realidad, deseaba que todo fuera una vil pesadilla.
Esperé a que el hijo de puta se durmiera y fui a la pieza de mis padres, mamá estaba durmiendo de costado, abrazando a una almohada, con mucho cuidado para no despertarla ingresé para buscar algo que me dijera que no pasó nada, pero no fue así, hallé en el suelo la ropa interior de ella junto a el bóxer de él y en la mesa de luz había dos preservativos usados, escurriendo semen, manchando la madera. Mis lágrimas goteaban de mis ojos a caudales, todo me daba vueltas, tuve que sentarme un rato en el frío piso, pero fue mucho peor, porque mi cara quedó cerca de sus nalgas y pude notar que su vagina estaba depilada.
Salí corriendo al inodoro a vomitar.
Al otro día no me quería levantar, pero mamá me llamó desde la cocina que fuera a desayunar.
Al salir de mi habitación y antes de entrar al baño a mear pasé por el cuarto de ella, ya no existían rastros de la faena nocturna.
¿Acaso lo había soñado?
Después de orinar, me cepillé los dientes y cuando estaba por tirar el hilo dental al cesto de los papeles sucios, vi una bolita grande de papel humedecido que llamó mi atención, con repulsión metí mi mano entre los papeles sanitarios manchados con mierda para sacarla, la desenvolví y encontré los dos condones.
El demonio del morbo se apoderó de mi cuerpo y me masturbé frotando los forros usados contra mi pito, sabiendo que estuvieron dentro de mi madre. Cuando eyaculé recobré el sentido común y me metí a la ducha para sacarme el asco de de lo que acababa de hacer.
¿Cómo podía excitarme que mi madre le fuera infiel a mi padre con ese degenerado? Cuanto más buscaba en mi mente una respuesta más dura se ponía mi verga.
Bajé a desayunar y encontré a mi tío sentado en calzoncillos y mi madre parada a su lado, usando un camisón pequeño color beige, muy ceñido a su cuerpo, que por el color parecía que no llevaba nada. Verla casi me da un infarto.
Me senté frente a él y mamá me trajo un yogur.


- Perdoname hijo que no te sirva el café con leche, pero se terminó la leche.
- Tu mami se la bebió toda anoche jajajajajaja
- Eeeee… es que me dio acidez anoche y bajé a servirme un vaso para que se me pase… sabés que a veces que viene ese ardor del estómago…
- ¿Del estómago o más abajo?
- Que burro tu tío jajaja, no sabe nada de anatomía… a la tarde voy al súper y compro para que tengas a la merienda.
- Descuida sobrino, pero de ahora en más, mientras yo siga viviendo acá, leche no va a faltar en esta casa jujajajajajajjaja…


Por la cara que ponía mamá, los comentarios de doble sentido la fastidiaban, pero la incomodidad se debía en gran parte a que mi tío con poco disimulo le acariciaba las piernas, y para evitar que yo me diera cuenta, ella se sentó.
Por descuido mi servilleta se cayó y al levantarla advertí por debajo de la mesa que mamá no usaba tanga y su pubis estaba lampiño y colorado, con un leve sarpullido. La mano peluda de mi tío le recorría la entrepiernas, a la altura de la ingle se detuvo y dos gordos dedos bordearon la abertura vaginal pugnando por entrar. Aunque quisiera no podía seguir tardando, levanté la servilleta y al acomodarme en la silla, percibí que mami daba un respingo, señal que uno o los dos dedos pudieron colar en su conchita.
Me fue difícil comportarme como si no pasara nada y más fue para ella, estaba muy nerviosa, mirándome fijamente y tratando de actuar normal. Sus pezones comenzaron a crecer bajo el camisón levantando la tela notoriamente, dejando más que claro que estaba excitada y que no llevaba corpiño. Los dedos de él estaban haciendo un buen trabajo, la respiración de ella estaba entrecortada y a pesar que se mordía el labio inferior, de su sensual boca escapaba un casi inaudible gemido.
La mano derecha de mamá aferraba con fuerza el borde de la mesa y la otra sujetaba el antebrazo de mi tío para intentar que frenase con los movimientos, sus cuidadas uñas pintadas de borgoña se clavaban en la carne de él. Mami se movía como si su cuerpo tuviera hormigas y a pesar que sus ojos estaban clavados en mí puedo asegurar que no me estaba viendo, su concentración era máxima para no exteriorizar el placer que estaba sintiendo.
La escena era de lo más morbosa, tanto que no pude contenerme y eyaculé sin tocarme, una gran mancha húmeda tenía en mi bragueta, para disimular me volqué un poco de café y dije que iba a cambiarme. Sin perder segundos, subía a mi habitación y me puse otros pantalones, cuando volvía a la cocina, crucé a mamá que iba rumbo al baño y mi tío al verme, se chupó los dos dedos y me dijo:


- Que rico desayuno sobrino, el mejor de mi vida jajajaja


Sin despedirme, tomé mi mochila y me fui al colegio, a mi regreso ellos no estaban en casa y me encerré en mi cuarto a estudiar.
A eso de las 20 hs, regresaron ambos, mamá subió a su habitación a cambiarse, se desmaquilló y quitó el vestido, quedando desnuda.
¿Cómo era posible que saliera sin ropa interior? La misma mujer que se cansó toda mi vida de decirme que usara ropa interior limpia y nueva, por si algún accidente llegara a pasarme.
Se pasó crema dérmica por su pubis y vagina, luego se puso una tanga muy cavada que apenas cubría su tajo y que por detrás la fina tela se perdía entre los prominentes cachetes, provocándome una erección descomunal.
Estaba hipnotizado admirándola y no advertí que mi tío había entrado y le sobaba fuertemente los senos.


- Que puta sos cuñada… me moría de envidia cuando Gonza era bebé y le dabas de mamar, quería ser él y ahora tus gloriosas tetas son sólo para mí…
- Por favor Ramón soltame, que mi hijo está en su habitación.


A él las suplicas no le importaron y se inclinó a chuparle las tetas salvajemente, desde donde yo estaba podía escuchar los ruidos de esos chupones, los pezones se le pusieron puntiagudos y eso no pasó desapercibido por él, que los tironeaba fuerte y los pellizcaba. Era delicioso ver como las rudas manos de él aplastaban esas macizas tetas marcándole sus dedos, ella ya no presentaba resistencia, llevaba su cabeza hacia atrás y gemía disfrutando.
Mi tío se desnudó y se sentó en el borde de la cama, volvió a prenderse de un seno y sujetándola de la cintura la hizo sentar en su regazo, ella movía sus caderas de atrás hacia delante, frotando su concha sobre la pija.
Él le apretaba las tetas como queriéndolas reventar. Las areolas rojizas coronaban los pezones sedientos de atención masculina.
Mamá se quejó que las chupadas le hacían doler el seno y se levantó, pero no para irse, sino para cambiar de posición y entregarle la otra teta.
El comportamiento de mami me sorprendía.
Una de las manos de mi tío bajó hasta la vagina y la masturbaba, frotaba su clítoris con el pulgar mientras el dedo mayor entraba en su gruta. Ella le acariciaba la grasosa cabellera.
Los chupones pasaron a ser mordiscos y mamá le aplastaba más la teta contra la cara de él.


- Siiiiiii… mamame la teta como si fueras un bebito… sacate todas las ganas acumuladas durante tanto tiempo… así así… más fuerte mi chiquito… ¿Le gusta como mami le da la teta?.. ¡Que placeeeeeeeeeeer!.. Como te calienta comerme las gomas guacho, siento como tu pija me está puerteando… ¿No te alcanzó con lo de anoche que querés metérmela de nuevo?… mmmmm… pero no es justo que vos mames y yo no…


Mamá se arrodilló entre las piernas de él y se llevó la cabeza de esa descomunal poronga a la boca, le daba suaves besos y la recorría con la punta de su filosa lengua, le costaba poder metérsela toda, pero tras varios intentos pudo. Mi tío aferrándola de la cabeza ejercía movimientos coitales, metiéndosela y sacándosela a un ritmo sostenido, provocándole numerosas arcadas.
La boca de ella se llenó de espuma como perra rabiosa, pero era ni más ni menos que una perra en celo. Con cada embestida los pesados huevos repletos de leche se acercaban más a su cara, hasta golpearle la barbilla en cada embestida.
Ella movía los brazos como queriendo volar, pero trataba de hacerle entender que la estaba ahogando, los ojos parecían saltar de sus órbitas y de la nariz le caía copioso moco transparente que se mezclaba con la baba espumosa que emanaba su boca.
Cuando la vio cianótica al borde del desmayo, le liberó la garganta y ella dió una contundente inspiración, la dejó unos segundos para recomponerse y luego apretándole de un pezón la hizo levantarse y de un fuerte empujón la tiro de espaldas a la cama.
Me ponía muy loco verla tan sumisa, convertida en una atorranta de lujo, que no respetaba a su familia y se acostaba con el hermano de su esposo bajo el techo de su casa y pocos metros de su hijo. La pura mujer que hasta días antes me había criado ya no existía, pero lejos de angustiarme me paraba la verga como ninguna actriz porno.
Con vehemencia mi tío se arrojó sobre ella, y le hizo abrir las piernas al máximo.
Lubricada la verga con la copiosa saliva de ella, se la clavó hasta el fondo sin miramientos.
Estaba claro que no había amor entre ellos, solamente sexo desenfrenado.


- Ayyyyyyy… despacio que me partís… tu hermano la tiene chica y vos como un burro… tengo la conchita muy inflamada por la brutal cogida que me diste anoche y no me pasa…


Como autista y alejado de los comentarios de su cuñada, aumentaba los golpes de su cadera contra la de ella, las nervaduras venosas de su dura pija estaban hinchadas que parecía que latían.
Mamá estrujaba con sus puños las sábanas y mordía una almohada, sus talones golpeaban contra el colchón.


- No la aguantoooo, la tenés más gorda que ayer…
- Es que vos estás más cerrada… uhhhh… siento que te estoy desvirgando… mmmm… relajate ya te vas a acostumbrar como ayer…


Él dejándose caer con todo su pesado cuerpo sobre ella, se la enterró hasta el fondo de la vulva.


- ¡¡¡AYYYYYYYYYYYYYYYY!!! Bruto hijo de puta, me partiste… ahhhhhhhh… animaaaaaaaaaal…
- Bajá la voz que vas a llamar la atención de tu hijo… ¿Qué pensaría si te viera con mi pedazo en la concha?


Mamá mordía furiosa la almohada, arrancándole una esquina. Las penetraciones eran más profundas y enérgicas. La boca de él besaba cada centímetro de las abusadas tetas, estrujándolas.
Cuando mis padres hacían el amor apenas chirriaba la cama y si lo hacía no duraba más de cinco minutos y con la cogida que le estaba dando mi tío la pobre cama se estaba desarmando, llevaban como dos horas de sexo libidinoso.


- Tu verga tiene la cabeza muy gorda… ahhhhhgggg… la siento golpearme el útero… me matás…


Mamá acompañaba con su pelvis las fuertes penetraciones y con sus manos le ofrecía las tetas refregándole los duros pezones por la cara. Mi tío enardecido le avisaba que estaba a punto de acabar.


- Por favor no lo hagas adentro que me estas montando a pelooohhhh…
- UUUUUUUGGGGGGGGGHHHHHHHHH


Retirándole la monumental pija justo a tiempo la apoyó sobre la fina cicatriz horizontal de su cesárea y eyaculó cargados chorros de semen que mojaron todo el abdomen, las puntiagudas tetas y hasta la cara, un grumo de guasca colgaba de su nariz.
Mamá estaba hecha un asco, con casi todo el cuerpo enlechado, Ramón la abrazaba y ella parecía casi insignificante contra su cuerpo.
Los delicados y finos dedos de mamá, los mismo que cuando era un niño me acomodaban el flequillo, ahora jugaban a enrular los pendejos de los huevos de mi tío.


- Tu hermano me deja con las ganas y vos que me rompés toda… si por lo menos él me cogiera más seguido esto no estaría pasando…
- ¿Te arrepentís?
- Noooooooo…


En un principio estaba enojado por lo que le estaban haciendo a papá, pero ya no me importaba, deseaba continuar espiando a esa adultera pareja coger como animales.
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Gus Becker & Marcel Milord ®

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Saludos.